Antes de entrar en Shiastsu en alforjas tenemos la necesidad Estimado lector de preguntarte… ¿has escuchado hablar sobre las zonas azules?

Son lugares donde las personas se trasladan caminando más que en carro, comen más plantas que carne en una dieta que incluye frijoles o granos como maíz, donde la familia es su razón de ser y es lo número uno. Y es que esas zonas tienen grupos de amigos con los que compartir estos hábitos saludables.

Existen cinco Zonas Azules conocidas sobre nuestro planeta: Cerdeña Italia, Okinawa Japón, Loma Linda Estados Unidos, Icaria Grecia y la Península de Nicoya en Costa Rica.

Gozar de buenas condiciones de salud no debería depender de factores económicos o tecnológicos, más bien de “factores protectores” presentes de manera evidente y comprobada en esta zona. En ello se incluyen:

  1. La buena salud física y mental
  2. el apego a una tradición alimentaria
  3. una fuerte fe y espiritualidad, el apoyo y respeto de las redes familiares mezclada con la intergeneracionalidad donde:
  • los nietos comparten conocimiento y tiempo con los abuelos
  • una actividad física de movilidad constante
  • y un propósito de vida unida a la espiritualidad

La “Zona Azul” de la Península de Nicoya, destaca por la belleza de sus paisajes, sus atractivos turísticos, y sus Áreas de Conservación pero ante todo, por las historias que narran las personas longevas que habitan la zona.

Esta Zona Azul tiene una relación directa con la promoción turística de Costa Rica, pues se amolda con el turismo de bienestar, y consiste en la decisión de ampliar la oferta turística e incursionar en industrias con gran potencial como el turismo de bienestar. Fue por ello que el Instituto Costarricense de Turismo lanzó la estrategia país Wellness Pura Vida, con la que se busca posicionar a Costa Rica como un destino de bienestar, diferenciado, que ofrece experiencias únicas y transformadoras.

El contar con una Zona Azul contribuye a consolidar a un país en constante búsqueda de la calidad de vida de los costarricenses y de los turistas.

Hotel Villa La Granadilla (Abril), Semana 1 Shiatsu alforjas, Guanacaste, Costa Rica

El lunes empezó con las primeras luces del día, serían las 5 cuando Frutita pidió su última comida de la madrugada y su primera comida del día. Había que terminar de guardar las cosas que quedaban aquí y allá antes de las 9. A esa hora estaba previsto que Miguel llegase para cargar todo y salir hacia, lo habrás adivinado Estimado Lector, la emblemática Zona Azul de Costa Rica.

Más pronto que tarde ya estaba todo guardado y arrimado. El rubio de pronto se acordó de la placenta de Frutita, cuidadosamente guardada en el congelador un mes atrás. Las semanas habían pasado sin que coincidiera el momento para plantarla al pie de un árbol. Miraron a su alrededor a ver qué candidato era el más adecuado, un mango de unos cinco años ofrecía una tierra suave y ligera para recibir a la placenta de Frutita. Seguramente estará muy contento de poder aprovechar los nutrientes de esta con sus raíces. Sin pensarlo dos veces el rubio abrió un hoyo en el suelo y depositó la placenta de Lilikoi. Algún día si ella lo desea podrán ir a ver dónde la plantó su papá, y quizás degustar algún mango del majestuoso árbol.

Miguel llegó sobre las 9 y media, siempre alegre contagiando su buen humor. Se despidieron de José el cabro del Rodeo y arrancaron, claro, no podía faltar unas aguas de pipa. Por ello pararon en la frutería de Luis, allí estaba el estimado frutero, con algo de tristeza se despidió de sus ciclistas amigos y a andar.

shiatsu alforjas

El día estaba soleado con poco viento, no tardó mucho para que la temperatura ambiente subiera hasta los 30 y tantos. Todos acalorados pararon un momento en una gasolinera, Frutita necesitaba un cambio de pañal urgente.

Pasaron Orotina, Puntarenas, el Puente de la Amistad (con Taiwán) y, poco antes de Santa Cruz, pararon bajo la sombra de un frutoso mango en el borde de la vía. Se trataba de un árbol de lo que se conoce en España como «mango macho». Degustaron varias de sus frutas y, claro, llevaron algunas más para el camino.

La vegetación se estaba poniendo cada vez más densa, muchos marañones (anacardos) sembrados a la orilla de la vía, mangos, guanabanos, nísperos, zapotes, mangos, fruta de pan…

Pasaron Lagarto, Venado, Manzanillo, Marbella, Pitahaya, Veracruz, Cuajiniquil y San Juanillo. Al pasar este último pueblo sabían que ya faltaba poco. Metros antes de llegar a su destino vieron una construcción de madera de dos plantas, sin paredes aunque con todo puesto para vivir. Una pared anaranjada anunció que habían llegado.

Nadia la encargada había dejado el portón abierto. La propiedad les resultó atractiva en el primer contacto. La piscina de aguas cristalinas en el fondo del área construida les dió un guiño de bienvenida.

shiatsu alforjas

Descargaron todo lo más rápido y organizado posible. Miguel tenía apuro en volver a su casa en San José y, sobre todo, quería evitar que la intensa lluvia tropical que se avecinaba lo cogiera por la pista de tierra.

Nuestros viajeros se instalaron mal que bien en el estudio Savannah. Al otro día se dieron cuenta que estaban solos en la propiedad y es que Nadia, la encargada bielorrusa, vendría en la tarde. Ni cortos ni perezosos se fueron a dar un paseo por el vecindario.

Salieron hacia la costa por el camino de tierra. Llegando a una Y vieron la propiedad más cercana por esta salida del camino. Tomaron el sendero de la izquierda, árboles menos tupidos, bajadas resbaladizas por unos doscientos metros para llegar a la desembocadura del río San Juanillo. Curiosamente, no se conecta directamente con el océano Pacífico, un pequeño retén de finas piedras negras de la playa hacen de frontera entre el río y el océano, al menos en esta época del año y a marea baja.

Vieron que se trataba de una «playa» de unos trescientos metros de largo. La cantidad de rocas cercanas a la orilla no indicaba que fuera amigable con los bañistas. Continuaron hacia el noroeste siguiendo la orilla que se convertía en un negro bloque rocoso, labrado aquí y allá por las continúas olas sumado a las mareas.

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«Por aquí no se puede pasar cuando la marea está alta» dijo el rubio «habrá que mirar la tabla de mareas cuando queramos ir al pueblo», «puede que hayan otros caminos» comentó la morena «ya iremos explorando en los próximos días».

Después de sortear los doscientos metros del bloque rocoso llegaron a la playa de San Juanillo, arena dorada con uvitos y palmeras. Más amable para los bañistas aunque con bastantes rocas sembradas por la naturaleza aquí y allá. Varios carteles indicaban a los turistas que llevasen consigo su basura, otros ofrecían tour en bote para abistamientos y pesca con un tal Santiago.

Un par de turistas rubios estaban trotando por la playa mientras hablaban bajito, «estos no son gringos» pensó la morena. En cierto punto la playa tiene dos costados al océano, el estrecho hilo de arena lleva hacia un promontorio rocoso donde se estrellan las poderosas olas del Pacífico.

Después de disfrutar un momento del panorama subieron hacia el pueblo por un estrecho sendero, a la derecha el Rancho Cocobolo, a la izquierda, unas grandes plantas parecida a la familia de las piñas marcando la frontera entre el camino y la propiedad contigua.

Unos minutos después pasaron frente al restaurante Brisas del Mar. Pararon debajo de una árbol de mango para recoger «mangos bajitos». Más adelante a la izquierda la iglesia, en frente, el módulo de salud EBAIS y la policía.

Cruzaron hacia la derecha, allí estaba la cancha de fútbol pegada a la parada de bus. Esta última estratégicamente colocada debajo de un árbol de mango. Continuando por esta calle pasaron el Buddha bar y el Ancient People, ambos restaurantes apenas abriendo para ofrecer sus desayunos.

La calle de tierra llevaba claramente hacia la salida del pueblo, o al menos así se podía interpretar por como empezaba a crecer el espacio entre las casas. Pasaron el supermercado de los chinos, extrañamente cerrado a esas horas. El que si estaba abierto era el supermercado San Juanillo, la morena no pudo aguantar hacer turismo de pasillo para ver qué ofrecía. El rubio acalorado se quedó afuera cogiendo sombra junto a Frutita.

Minutos después salía la morena con cara de sorpresa, «tienen de casi todo lo que compramos en San José, hay tahini, salsa de soja sin gluten, hasta leche vegetal de la que tanto me gusta» dijo entusiasmada, «debe haber un montón de extranjeros viviendo por aquí» comentó el rubio, «dudo que los locales consuman esa clase de productos» continuó.

En su caminar habían llegado a la vía principal por la que habían pasado el día anterior, pero como les daba fastidio volver por el mismo camino, decidieron recorrer el trecho de vía que los llevaría de nuevo hasta La Granadilla. Cuarenta minutos más tarde, acalorados y sedientos ,estaban de vuelta a su nueva localización.

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Apenas habían terminado de medio refrescarse cuando llegó Nadia. La atlética bielorrusa venía a dejarles algunas llaves y a explicarles algunos detalles a conocer sobre la propiedad. «Está empezando la temporada de lluvia», dijo, «tengan cuidado con los animales de la selva, cuando llueve mucho entran culebras, escorpiones y tarántulas a las casas, manténganse atentos» continuó. Preguntaron sobre cómo se manejaba el avituallamiento, los desechos sólidos, el transporte y el internet. Nadia intentó contestar satisfactoriamente a todas sus preguntas. Mientras les avisaba que el siguiente jueves vendría una pareja de turistas norteamericanos por el fin de semana. Traería un router para que pudiesen todos tener internet «limitado» pero estar comunicados con el ahora vital medio de comunicación.

Al despedirse le ofreció ayuda para cualquier cosa que pudiesen necesitar. Pasaron el resto de la semana explorando los alrededores de la propiedad, buscando caminos alternativos para el pueblo y recorriendo algún trecho de la carretera que lleva a Nosara, la «gran ciudad» más próxima a La Granadilla.

Un día en su paseo mañanero caminaron en dirección a los aullidos de los monos congos. Estos los habían despertado desde el alba con sus vocalizaciones características, lo que les llevó a descubrir el mirador de la playa de San Juanillo.

Todo ello era na oportunidad para admirar el paisaje costero y observar como los simios devoraban los nísperos (sapodillas) de los árboles sembrados allí por los pobladores del Barrio Escondido.

El jueves por la tarde llegó la pareja de gringos, venían directamente desde Colorado para ver cómo iba la construcción de la casa de sus sueños en Costa Rica. Cayó un chaparrón tropical al principio de la tarde, media hora de lluvia intensa para refrescar el día, poco después, volvieron a cantar los pájaros.

Desde una ventana de Savannah el rubio empezó a ver como unas sombras se movían por las ramas de los árboles cercanos. Un rato después se escucharon los cantos guturales de los monos congo, una manada se estaba acercando a la piscina brincando de rama en rama. Salieron sigilosamente a observar que hacían, aparentemente las flores y hojas de algunos de los árboles les brindaban un auténtico banquete.

El indio desnudo (bursera simaruba) parecía un auténtico deleite, en especial las hojas más tiernas, de hecho. Este árbol conocido también como chacaj, carate, jiote, jiñocuabo, chaká, encuero o almácigo tiene propiedades medicinales conocidas por los humanos. Tradicionalmente, las partes de este árbol se han usado como remedio casero para determinadas enfermedades y trastornos del organismo, principalmente en las zonas rurales de América.

Amaneciendo el viernes recibieron un pedido de frutas y vegetales «ecológicos», todos frescos y de buena calidad. Una bendición haber podido contar con la ayuda de Nadia para contactar a los chicos de Orgánicos de la Tierra. Esta pareja tica viaja una vez por semana hasta Guanacaste para despachar frutas y hortalizas. Tienen un pequeño camión refrigerado que cumple perfectamente con su función. Reciben los pedidos los miércoles y despachan los viernes, en la puerta de la casa, que dicha dirían los ticos.

Por la mañana del sábado finalmente conocieron a la propietaria del lugar, Christine y su perro Sancho. Una pequeña mujer sexagenaria, de largo recorrido en funciones diplomáticas para Francia. Simpática y tranquila explicó a grosso modo lo que esperaba que se hiciera en La Granadilla.

Christine había vivido allí hasta el año anterior, por razones de salud había decidido mudarse para Tamarindo. Sancho es un pug de 14 años que soporta con dificultad el calor y necesita todos los cuidados de un ancianito. Christine necesitaba de forma urgente que alguna familia de confianza cuidara de su propiedad y estuviera pendiente de los huéspedes que traería Nadia. Ahora nuestros viajeros se mudarían a la casa principal del hotel, claro había que limpiarla completamente pues tenían más de un año sin ocupar.

Costa Rica

La morena empezó como pudo a limpiar la casa con Lilikoi a cuestas. Entre tanto, el rubio estaba con Ángel, el ayudante de Christine, revisando el cableado eléctrico de la propiedad en medio de la espesa jungla. Ángel ayudó al rubio a mover algunos muebles pesados del estudio Savannah a la casa principal. Mientras la morena sacaba una primera capa de polvo de la casa.

A primeras horas la tarde se despidió la mujer para volver pronto a su casa en Tamarindo. Quedó la promesa de volver a verse en una semanas en aquel pueblo. Llevó con ella unos deliciosos pomelos de La Granadilla y salió volando con su chófer por la pista de tierra rojiza.

Nuestros terapeutas limpiadores continuaron limpiando toda la tarde. Se estaba acabando el día y todo indicaba que faltaría al menos uno o dos días más de intenso trabajo para que pudieran entrar a la vivienda.

Continuaron limpiando gran parte del día domingo, por lo menos ahora la cocina estaba limpia y funcional. Solo faltaba arreglar una fuga de agua del tanque del váter y ver qué podía estar atascando la tubería del mismo. Todo un proyecto para los días subsiguientes…

Hotel Villa La Granadilla Semana 2 Shiatsu en Alforjas, Guanacaste, Costa Rica

«Donde los cocoteros pueden darte mucho más que cocos…» ¿Cómo es el Hotel Villa La Granadilla? Primero decirte, Estimado Lector, que está situado a unos 700 metros de la carretera principal que lleva de Santa Cruz a Nosara. La pista está en buen estado, es sinuosa con varias bajadas y subidas suaves.

A la izquierda un gran hato con cabezas de ganado, ovejas y caballos, aquí y allá algunos árboles como palmeras, guanacastes o mangos, aunque lo que predomina es el pasto verde amarillento por la cercanía de la temporada seca.

A la derecha, el bosque selvático moderadamente denso, uno que otro terreno baldío recientemente limpiado, y después de unos 500 metros, una propiedad en construcción, mayoritariamente de madera, realizada sobre dos niveles.

Unos doscientos metros más adelante, a la derecha se ve una pared de color anaranjado, se ven diferentes palmeras entre las cuales destacan varios cocoteros. Un portón verde pálido abre el paso a Villa La Granadilla.

Lo primero que se ve a la izquierda son tres jardineras, todas con diferentes clases de asparagales (familia del agave o fique) y cactus. Detrás de éstas otra jardinera con una buganvilla rosada y un joven mango compartiendo el espacio. Muy cerca un árbol de noni, un árbol de fruta de pan, unos cocoteros y unas matas de bananos marcando el límite norte de la propiedad.

A la derecha del portón está la casa principal, donde domina la escena desde un gran ventanal. Contiguo a la casa principal hay un rancho o churuata con techo de palma. Una barra y varias mesas invitan a sentarse a la sombra cuando hace calor, si los mosquitos lo permiten claro.

Más adelante y a la derecha, se esconde el segundo edificio detrás de unos cocoteros y unas palmeras pintado de un amarillo cálido. Ésta última está dividida en tres partes:

  • una habitación doble con baño llamada Puna
  • un estudio para dos personas con cocina y baño llamado Savannah
  • y un apartamento para dos a cuatro personas con cocina y baño llamado Caracas.

Todos cuentan con agua caliente, lo cual es un lujo en estas latitudes, innecesario podría decirse, pero bueno, a muchos viajeros les parece importante poder ducharse con agua caliente.

La casa principal tiene una habitación principal, un estudio, un baño y una cocina comedor gigante. Varias ventanas de mosquitero ayudan a ventilar el calor del mediodía. Esta división en dos construcciones, por un lado la casa principal y por otro la casa de huéspedes, permite cierta independencia entre los habitantes de las distintas dependencias.

Costa Rica

Hacia el fondo hay una pequeña escalera doble junto a un árbol de pomelos, los mejores que hemos probado hasta ahora. Esta escalera lleva a una piscina de aguas cristalinas donde una pared a flor del suelo separa la propiedad del resto de la selva.

Como decoración vegetal presenta unas palmeras de hoja ancha, un par de cocoteros, quizás una anona, un limón mandarino y muchas plantas de cúrcuma, y hacia una esquina unas plantas de banano cuadrado.

Quienes se quieran quedar aquí necesitan tener ganas de desconectarse de la matrix, no hay televisión y el internet es limitado. En cambio, la naturaleza poderosa les dará todo lo necesario para recargar baterías y liberar la mente de muchas cargas que nosotros mismos inventamos.

Ese mismo día, durante la limpieza de la casa, tanto la morena como el rubio habían sacado de la casa unos escorpiones de buen tamaño. Nadia ya les había dicho que era normal y que tuvieran cuidado, una picada no mataba pero dolía mucho.

En medio de la noche, a la hora del cambio de pañal de Frutita, la morena señaló en silenciosa alerta la pared del lado de la cama donde el rubio duerme, otro escorpión tranquilamente. Acto seguido inspeccionó paredes y piso alrededor de la cama, «¿Cuántos más hay escondidos por allí?» se preguntaba a sí mismo.

Le cambió el pañal a Lilikoi y volvieron a dormir, quizás con medio ojo abierto vigilando las paredes y el piso cerca de la cama.

El lunes por la mañana el rubio se despertó con la obsesión de arreglar el váter. Entre tanto la morena estaba en su rutina mañanera con Lilikoi: tetita, siestita, cambio de pañal, paseo, los ejercicios matutinos para la pequeña y otra vuelta más.

Al día siguiente salieron a caminar temprano. Frutita se había despertado con el amanecer y el relativo frescor de la mañana se prestaba para dar unos pasos hacia la playa, el pueblo y volver por el mirador. La tarde terminó con un episodio de lluvia bien intenso, una hora de agua a todo dar, las plantas y los animales contentos de recibir esa bendición del cielo.

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Miércoles al mediodía, después de haber ido a pasear y sacar la basura hasta la vía principal, volvieron con ánimos de realizar uno de sus entrenamientos funcionales, para luego continuar con el misterio del váter, y después de un gran esfuerzo, ya no sería necesario salir de la casa en medio de la noche para hacer del vientre, un auténtico progreso…

La tarde como todas estos días fue de lluvia intensa, algo más de una hora, lo suficiente como para que la calle pista se convirtiera en un riachuelo parduzco. Se acercaba velozmente la noche cuando el rubio llevó a lavar los pañales de Frutita. ¡Sorpresa en la entrada! Una culebra o serpiente se había resguardado de la lluvia en la puerta de la lavandería, ella también estaba sorprendida quizás más que el rubio. Para convencerla de salir de allí buscó una vara de bambú y consiguió ahuyentar al reptil sin daño para ambos. Ahora decirte, Estimado Lector, que ahora cada vez que alguno va a la lavandería mira bien antes de entrar.

El viernes por la mañana recibieron su avituallamiento de frutas y hortalizas orgánicos, también unas pipas para no perder el hábito. Cómo estaban activos desde bien temprano y la marea lo permitía, decidieron ir al pueblo caminando por la costa. Frutita en el cargador y armados con dos bolsas pasaron por el sendero submersible, el océano estaba hermoso con el sol destacando su color turquesa.

nutrición

Pararon en sus árboles de mangos favoritos, el que cosecha temprano cosecha más y mejor. Con sus bolsas bien cargadas de mangos criollos o de hilacha pararon en el super a por lo que les faltaba para terminar el mercado semanal. Volvieron por el recorrido más corto e igual de bonito que es Barrio Escondido.

El fin de semana pasó tranquilo, al ritmo del chineo, las caminatas, los chapuzones en la piscina, los movimientos funcionales, las comidas de fruta fresca y las noche de casi luna llena.

Estimado Lector, ¿qué piensas sobre la experiencia de vivir en la selva? ¿Los bichos te dan igual o te repulsa de forma incontrolable?

Hotel Villa La Granadilla, Semana 3, Guanacaste, Costa Rica

¿Cómo es un día típico de Frutita? Pues bien, Estimado Lector, primero hay que establecer cuándo empieza el día para esta criatura. Sobre las 7 y media se despierta, a veces tarda un rato en ponerse en sintonía con el ambiente, algo así como si estuviera prolongando la etapa del sueño. Pasada esta etapa comienza su día tirando sonrisas al cuidador que esté más próximo.

Acto seguido tiene su sesión de entrenamiento personal dirigida por alguno de sus cuidadores, en muchas ocasiones la morena es quien se encarga de ello. Tal como se presenta en el curso de autoshiatsu se realiza un calentamiento completo de todas las articulaciones y músculos esenciales para un desarrollo osteomuscular óptimo, con una especial importancia tiene la movilización de las caderas.

Ahora que se sabe que una estimulación temprana de la articulación de las caderas es prácticamente una garantía de buena estabilidad corporal para toda la vida, se recomienda y se motiva a los padres a realizarla en sus niños. Los que no recibimos este empujón desde muy pequeñitos siempre nos queda la opción de hacer algo ya adultos. Nunca es tarde para darle la oportunidad al cuerpo de regenerarse, siempre se notará algo de progreso y mejorará la calidad de vida.

Volvamos al día estándar de Frutita. Después de la gimnasia de cuerpo completo, la chiquita suele pedir su primera comida del día. La morena casi siempre disponible y dispuesta le da su tetita a demanda. Esa toma dura unos 20 minutos, luego, si la organización lo permite es el momento de salir a caminar.

naturaleza

Los destinos pueden ser varios: la playa rocosa de Las Agujas, la playa arenosa de San Juanillo, el pueblo, el mirador, el río Rosario y así según lo que decidan sus porteadores. Por razones de ergonomía, el cuerpo de la morena ha resultado ideal para el cargador más ventilado, el fular.

Cuando regresa, casi siempre se despierta al entrar a la casa, quizás el cambio de luz o de aire tenga que ver con eso. Aliviada, sale del cargador y permanece atenta a los quehaceres de sus cuidadores mientras poco a poco le entra el hambre de su segunda comida del día. Es muy común que tanto la morena y el rubio le hablen, contando cada cosa que han hecho el día anterior o el mismo día. Aunque no sea capaz de hablar, su pequeño cerebro está registrando cada palabra, entonaciones y formas de mover la boca.

Frutita es como un reloj, cada tres a cuatro horas siente hambre, y cuidado, lo hace saber con unas vocalizaciones altisonantes que interpelan a cualquiera. Si la comida estuvo a su gusto, el esfuerzo de succión, la sensación de saciedad y de seguridad de estar junto a su madre la hace entregarse a una pequeña siesta, a veces.

Otras, cuando no consigue su cometido, es auxiliada por el shusheo rítmico de su papito. Una técnica que consiste en pasear dentro de la casa, en brazos u hombro a ritmo de sh, sh, shhh. De esta forma consigue descansar un rato, a veces 15 minutos, otras media hora o una hora de sueño reparador aprovechable para su correcto desarrollo. En un plis plas se hace la hora de la tercera comida.

Entre tanto sus progenitores han podido comer, entrenar, realizar trabajos para Working Wellness o para el lugar donde habitan. Esta merienda viene seguida de un periodo de sueño o de ser observadora de las actividades del hogar.

nutrición

En algunas ocasiones, sale a caminar un ratito más por las tardes, algo así como media hora, y es que a Frutita le encanta estar afuera. La exuberante naturaleza del entorno siempre tiene algo que ofrecer: aves, árboles, frutas extrañas, animales domésticos y paisajes coloridos, todos y cada uno ideales para entrenar los ojos e ir conociendo este extraño mundo.

En otras se queda en casa, paseando en los brazos de sus cuidadores, alguna vuelta por la piscina… Cuando ya está a punto de ponerse el sol ya todos están de nuevo en casa, y Frutita se queda en los brazos de su mamita tomando su puntal de leche materna.

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Mientras, su papito le prepara el baño, agua templada para refrescarse un poco y prepararse al descanso nocturno. Durante el baño tiene una clase básica de anatomía, su papito le va nombrando cada parte del cuerpo mientras le lava su cuerpito. Un poco después ya seca, pañal limpio y piyama puesta se queda a oscuras en los brazos de su mamita.

Como aún los ciclos del sueño están en plena formación a veces protesta, quizás porque el cansancio está haciendo de las suyas y su mente sigue alerta. Por dicha, el suave meceo de su mamita combinado con una deliciosa cena reconfortante suelen tener un efecto calmante y preparar a Frutita para dormir plácidamente por unas horas.

De forma bastante asertiva, sus cuidadores decidieron hacer colecho, y lo organizaron todo para que éste fuera seguro desde antes de que viniera al mundo. De esta forma, los despertares nocturnos son más cortos y menos laboriosos. Sólo el cambio de pañal de madrugada de manos de su papito es lo que representa la mayor pausa al sueño, aunque a veces Morfeo está tan bien instalado que pasa de largo sin enterarse del mencionado cambio.

Hacia las cinco de la mañana, cuando amanece en Costa Rica, Lilikoi Frutita pide su primera merienda del día antes de echar el último sueño de la noche o la primera siesta del día, según como se mire.

Cada bebé es un universo totalmente diferente, quizás algunos cuidadores se reconozcan, algunos ni de co… Hay tantas formas de criar como familias, lo seguro es que cada uno pone todos sus recursos para hacer todo lo mejor posible para sus polluelos.Y tú, Estimado Lector, ¿ya has pasado por la experiencia de ser progenitor? ¿Cómo ha sido tu experiencia? Cuáles han sido tus mejores aciertos y tus peores errores?

Hotel Villa La Granadilla, Semana 4, Guanacaste, Costa Rica

Lilikoi está a punto de cumplir su segundo mes, y a ojos de sus cuidadores está creciendo y desarrollándose con normalidad. Aunque probablemente ese criterio sea perfectamente válido, siempre es bueno hacer lo posible por confirmar lo que se piensa con datos verificables. En el caso de un bebé es fácilmente medible con una balanza y un metro.

El desarrollo cognitivo es más intuitivo, sin embargo, un bebé que está progresando, demuestra sus nuevas habilidades apenas están adquiridas. Cuando se vive alejado de los grandes centros urbanos puede resultar bastante pesado trasladarse desde un punto a otro.

El pediatra de Frutita conoce esto de sobra, y por otra parte le gusta moverse dentro de Costa Rica. Por esto, el simpático médico viene hasta la región de Guanacaste una vez cada dos meses más o menos. Claro no va a visitar a cada uno de los niños que confían en él, más bien cada uno debe arreglárselas para ir a verlo en su consulta de Tamarindo.

Nuestra pequeña familia decidió hace cierto tiempo dejar los carros para ocasiones especiales por lo que, se desplaza habitualmente a pie, en bicicleta o en transporte público. Tamarindo está a unos 50 kilómetros de la locación de nuestros viajeros, una oportunidad de experimentar el día a día de las personas que utilizan los buses en Guanacaste.

Pues bien, para viajar de San Juanillo a Tamarindo hay que viajar primero a Santa Cruz. Sumado a esto, hay únicamente tres conexiones al día: 6, 8 y 17 horas. Decirte además estimado lector que hay que organizar bien la jugada si quieres ir y volver el mismo día por ejemplo…Adaptándose a las circunstancias, nuestros expedicionarios decidieron que sería quizás más fácil trasladarse un día antes. Esto en teoría les evitaría el estrés de llegar quizás tarde a la consulta y posiblemente sería menos cansado.

Como la consulta era el miércoles por la mañana, programaron su salida para el martes por la mañana. Ahora que estamos en light rainy season se ha observado que los episodios de lluvia suelen ser por las tardes, a veces por las noches, muy rara vez por las mañanas.

shiatsu en alforjas

El universo a veces tiene curiosas formas de conspirar, aquel martes por la mañana empezó a caer cántaros de agua desde la 5 de la mañana. A las 7 y 20, con las mochilas listas, el cielo no daba señales de clemencia. Por dicha, el día anterior Nadia le había enviado el número de teléfono de unos de los taxis del pueblo para llevar la pequeña familia desde La Granadilla hasta la parada del bus.

La lluvia había amainado un poco, sin embargo, la pista parecía una quebrada de café cortado. El aire olía al aroma de los árboles mezclado con tierra mojada. Cinco minutos y ya estaban en la entrada del pueblo. Las 7 y 58, el bus estaba parado allí, el muy gentil había «aguantao» a los expedicionarios.

Apenas sentados arrancó el bus, a toda mecha por la pista encharcada. Aunque el día estuviera gris la selva estaba hermosa. Las lluvias habían cambiado totalmente el paisaje, lo que era marrón y negro se había puesto verde en apenas tres semanas. ¿Quieres ver el poder de la naturaleza? Siéntate a ver crecer la selva en temporada de lluvias.

Faltaban 15 kilómetros para llegar a Santa Cruz, cuando en una parada en medio de un pueblecito el conductor vociferó: «los señores que van para Tamarindo aquí deben tomar el otro bus». Una señal de agradecimiento y para la calle.

Ya no llovía, y se encontraban con un supermercado, una venta de pasteles, otra de lotería, dos paradas de buses techadas. Eran las nueve y media, «en unos minutos pasa el bus» les dijo una señora a la que no les habían preguntado nada. A esperar mientras pasa el otro colectivo.

No habían pasado diez minutos cuando un sedán japonés en estado discutible se paró frente a la parada, «a mil para Tamarindo, vénganse que llegan más rápido y cómodos» les dijo el conductor. Quedaban dos puestos, «¿pasas por Villarreal?» preguntó el rubio, «sí, sí, montense rápido» contestó el del volante. La leche dirían los españoles.

El sol estaba calentando por estos lados, la vía pavimentada ofrecía ganaderías por ambos lados, la selva controlada detrás de las cercas que marcaban los potreros. Todavía no eran las diez cuando se bajaron del transporte pirata. Caminaron por el hombrillo de la carretera hasta el hotel que habían reservado.

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La habitación del hotel cumplía con lo mínimo necesario, un par de camas, una nevera (con estos calores se agradece), una mesita y un baño. Descansaron un poco, guardaron en la nevera las papayas que habían preparado en trozos el día anterior y miraron que podían hacer en las cercanías.

Aunque en la tarde se iban a ver con Christine, tenían planes de adquirir algunos insumos que no se ven por San Juanillo, por ejemplo, vitamina B12 para hacer repelente, dátiles para la morena lactante o alguna bermuda para el rubio. Dos grandes supermercados de marca nacional y un pequeño centro comercial estaban a dos pasos. Turismo de pasillo obligado.

Para sorpresa de ambos, el supermercado de San Juanillo tiene productos más variados y hasta más ecológicos que los dos mastodontes. Puede que se deba a que a unos pocos kilómetros haya un supermercado gourmet de marca conocida por la high class tica.

Paseados, avituallados, comidos y descansados salieron a casa de Christine. La sexagenaria, que ahora vive en en el centro de Tamarindo, consiguió un apartamento en un conjunto residencial al propio estilo playero estadounidense. Entrada vigilada, piscina con cascada, canchas de tenis y otras extravagancias, todo muy estereotipado.

Christine les había pedido el favor de pasar por su casa para ayudarle con algunas tareas muy pesadas para ella. Principalmente descolgar cortinas, limpiar ventanas, reparar algún fallo eléctrico, arreglar alguna estantería. El tiempo se hizo agua, ya anochecía y no habían acabado. Frutita cansada y hambrienta se fue adelante con su morena madre. El rubio se quedó un ratito para no dejar a medio hacer lo que había empezado.

Media hora más tarde el rubio iba en camino al hotel, una parte del tramo caminando para parar por dátiles en un supermercado gourmet. Ese día la rutina bien establecida por los padres primerizos quedó un poco trastocada, y a pesar de ello, Frutita dio señales de adaptarse a los cambios sin mayores protestas.

Sí, Estimado Lector, en los primeros meses de vida establecer una organización del día bien regular ayuda a equilibrar emocionalmente al nuevo ser humano. Somos animales de costumbre, aparentemente venimos con esto implantado en nuestro software.

El siguiente día amaneció indicando lluvias. Eso no impidió que nuestra pequeña familia atravesara el pueblo de Villareal andando. Una parada en un frutería a por unas aguas de coco y alguna fruta para el camino. Eran casi las diez cuando llegaron al consultorio de su pediatra de confianza.

Está en la primera planta de una farmacia cuya propietaria es también médico. Un rato después, ya estaba Carlos observando y palpando cada centímetro del cuerpo de Lilikoi. Peso, estatura y diámetro encefálico progresando, capacidades cognitivas en acuerdo con la edad. Todo en orden, mantener la leche materna a demanda y continuar con el hábito de hacer ejercicios de movilidad articular todos los días. En especial las caderas. Claro, como en esta familia hay varios aficionados al movimiento, Lilikoi recibe una estimulación completa de su cuerpo cotidianamente. La siguiente cita quedaría programada para los cuatro meses de Frutita.

Al salir de la farmacia consultorio les esperaba una lluvia densa, de esas que no tardas cinco segundos en estar totalmente empapado. Ya eran las once y media, «hay que estar en 27 de abril a las doce y media como tarde» dijo el rubio y llamaron al chino. «Ya le doy un toque a ver si nos puede hacer la vuelta» dijo la morena. Lilikoi balbuceó algunos «haaa haaa» confirmando que esa sería la mejor opción.

Por dicha el taxista pirata estaba cerca haciendo algún recado. Luego de una corta negociación consiguieron un acuerdo sobre el precio de la carrera hasta el mencionado pueblo. La lluvia era más fina cuando los pasó recogiendo. En el vehículo ya iban dos familiares del conductor. Ahora iban seis, bien apretados con unas sardinas en lata, por lo menos no sentirían frío…

El hambre apretaba cuando los dejó en la parada de bus donde los había recogido el día anterior. Ya no llovía, faltaban unos minutos para que el bus parara allí. La morena peló la media sandía que había comprado por la mañana. El rubio le dio guataca a la papaya que había quedado del día anterior. Compartieron unos aguacates que estaban perfectamente maduros.

Llegó el bus exactamente a la hora prevista, definitivamente Costa Rica es un país especial en esta América hispanohablante. El conductor los saludó amablemente, era el mismo del día anterior. En las zonas rurales todo el mundo se conoce. Una parte del bus estaba ocupada por sacos de alimentos, todo indicaba que algunos pasajeros se habían avituallado para varias semana en los comercios de Santa Cruz.

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El cielo se fue despejando a medida que iba en dirección a Nosara. Ya en San Juanillo, el sol estaba calentando como siempre. Iban casi tan cargados como el día anterior, también un poco apurados en llegar a casa. La perspectiva de ir andando 20 minutos bajo un sol de plomo no parecía muy atractiva. Un toque a Mario, el universo que siempre conspira lo tenía disponible para nuestros expedicionarios. Agradecidos con la vida entraron a La Granadilla. Un buen lugar para estar en la costa pacífica de Costa Rica.

Hotel Villa La Granadilla, Semana 5, Guanacaste, Costa Rica «Los Mangos»

Desde el episodio de lluvia de la semana anterior, el cielo ha estado varios días cargado de nubes amenazadoras. Sin embargo, lo más que ha sentido nuestra pequeña familia es un bochorno en ocasiones agobiante. Ni una gota más de agua ha caído del cielo, y es que los ventiladores hacen lo que pueden moviendo el aire pesado y húmedo dentro de la casa. Por dicha, la piscina de la villa con su ducha al aire libre son una excelente opción para refrescarse.

La temporada de mango empezó ya hace unas semanas. Una particularidad de este árbol es que en muchas ocasiones, si las condiciones ambientales se prestan, puede llegar a sobreproducir. En especial, el mango que se conoce como criollo, hilacha, macho o bocadillo. Estimado lector, imagina que la producción puede alcanzar un punto en que las carreteras, las calles y los patios de las casas se cubren de una alfombra anaranjada. Una bendición que en ocasiones, algunos pueden llegar a maldecir cuando las frutas caídas al suelo empiezan a expeler un olor característico.

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Su escaso valor comercial impide que sea atractivo para la venta tanto a nivel nacional como internacional. Parece una evidencia para nuestros terapeutas frutales que cuando la naturaleza nos da abundancia, lo mínimo que podemos hacer es hacer lo posible por aprovecharla. Cada día que salen a pasear siempre observan con atención los parajes que los rodean. Aunque ya conocen casi todos los caminos alrededor de Villa La Granadilla el ojo entrenado observa alguna novedad.

Un ejercicio que puedes practicar en donde habitas estimado Lector. Es una forma de meditación que se asemeja bastante al Shirin Yoku, tan famoso en Japón. De esta forma, han ido descubriendo o redescubriendo árboles de mango. Hay días gordos en los que pueden llegar a cosechar unos diez kilos de mango «bajito». Cada árbol da frutas con su aroma, dulzor y jugosidad particular aún siendo de la misma variedad. Algunas veces, el universo les regala algunas «mangas», frutas más grandes y de pulpa como un pudín.

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Cada región de un país y del mundo goza de esa abundancia que ofrece durante varias épocas del año nuestra Madre Naturaleza. Su extrema generosidad conmueve a cualquiera que se ponga a pensar en ello, es amor regalado a todos los seres vivientes de esta nave espacial que habitamos.

Esta semana nuestros terapeutas han estado trabajando con mucha pasión y paciencia en un nuevo producto digital para poder ayudar a las personas a trabajar en el área de la alimentación más fácilmente. Lo bueno es que ya algunas personas que lo han adquirido, entre esas una que otra influencer, han quedado muy impresionadas y aportado su positiva respuesta, quieren que muchas personas también puedan adquirirlo y están dándoles una mano a nuestros terapeutas poco tecnológicos. Todos esperan que este proyecto pueda guiar a muchas personas, ya que la alimentación es una de las bases de hormigón para vivir una vida saludable, pero sobre todo, para permitir la energía necesaria y poder aplicarla en pro de esa vida que todos soñamos vivir.

Cuéntanos, Estimado Lector, ¿qué frutas o plantas te regala la naturaleza allí donde tú vives?

Hotel Villa La Granadilla, Semana 6, Guanacaste, Costa Rica

No ha llovido desde aquel día que volvieron de Tamarindo, solo un espeso bochorno se presenta de once de la mañana a cinco de la tarde. Con lluvia y sin ella la selva que rodea La Granadilla está cada vez más espesa. La región de Guanacaste es conocida por su selva árida, un ciclo de nacimiento y muerte de miles de plantas al ritmo de las temporadas de sequía y de lluvia.

Hace apenas unas semana, cuando nuestros viajeros llegaron, solo se veían árboles grandes y medianos, a sus pies unos de otros arbusto, y poco más. Sólo hizo falta unos pocos días de lluvia para que se pusiera en marcha la gran maquinaria de la naturaleza.

naturaleza

Calor y humedad están provocando este espectacular cambio, alguna similitud con el paso de invierno a primera en otras latitudes. Ante tanta velocidad de crecimiento, el machete regalado por Luis el frutero de Ciudad Colón está siendo más que útil. Cada vez que tiene la oportunidad, el rubio controla un poco el avance de la selva hacia las construcciones de La Granadilla. Si se descuida, en pocos meses la naturaleza se encargaría de volver a cubrir el territorio que alguna estaba totalmente vegetalizado por ella.

Los días pasan volando al ritmo de las rutinas creadas por nuestros terapeutas para Frutita. Hasta más o menos los cinco años los niños necesitan establecer un patrón de orden, es decir, que los días tengan cierta organización muy parecido entre sí. Se pueden hacer muchas cosas diferentes, siempre y cuando, se respete un orden establecido de actividades que se repitan cada día.

De acuerdo a los especialistas, es fundamental para el equilibrio psicoemocional de estas personitas en yerbas. Un día de paseo por la playa se encontraron con Santiago el pescador. El hombre cincuentón curtido por el sol y la sal, entabló conversación con nuestra pequeña familia. «¿Ustedes son los nuevos dueños de La Granadilla?» les preguntó entre curioso e inquisidor. «Solo estamos cuidando la propiedad» respondió el rubio. «Ahhh, antes yo le trabajaba a la dueña de allí, le hacía el jardín y esas cosas» continuó el pescador «a veces me enviaba turistas para que yo les diera un tour en lancha».

Continuaron conversando sobre la técnica de pesca que utilizaban y las especies de peces que suelen atrapar. Al mencionar «palangre’ el rubio se acordó de gratos momentos de su infancia en las islas Los Testigos en Venezuela. En aquellos tiempos «ayudaba» a Joche a pescar tiburones. Los de acá se dedican al pargo y al congrio. Un punto común es la extrema eventualidad de éxito de este tipo de pesca artesanal.

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Todo influye para que la pesca sea buena: la fase lunar, la marea, el estado del océano y la buena intuición del pescador para colocar su aparejo de pesca. Sin radar, sonar o cualquier otro medio para saber si hay peces en donde decida pescar. Si todo fluye regresan felices con la lancha llena.

Hoy en día ocurre cada vez menos, el gobierno de Costa Rica tiene acuerdos con el gobierno de China. Ahora hay flotas de pescadores industriales sacando todo lo que se mueva de las aguas del Pacífico costarricense. Un golpe bajo para la ecología y la fauna marina que se ven fuertemente afectadas por las rastropescas. Quedan a salvo las reservas marinas, y poco más.

Los artesanos deben lidiar con esta situación, sobreviven como pueden con lo poco que queda. Una pena saber que este honorable oficio se está perdiendo por el consumo desmedido de los recursos marinos. Cada noche se ven las luces de los rayos en el horizonte, muchas veces hacia el oeste o hacia el sur. En algún momento llegará nuevamente un episodio de lluvias. Mientras tanto habrá que «aguantar» el bochorno, aunque a nuestros viajeros no parece molestarles. Que la naturaleza decida el cómo, el cuándo y sobre todo el cuánto.

shiatsu alforjas

Nuestros terapeutas continúan trabajando en la parte de marketing que involucra la venta de sus productos, ya que además de los que ha logrado desarrollar la morena, antes de salir a la aventura desde Galicia, el rubio decidió dar el gran paso de enseñar a las personas a manejar por si mismas el tratamiento de Shiatsu.

Ambos lograron grabar un curso de autoshiatsu para que cada persona sea capaz de practicar en si misma desde casa. Ya falta poco para su edición final y al igual que la morena, él también ha estado trabajando en la parte de la promoción digital. Estarán muy felices de poder compartir tan valiosa información para seguir aprendiendo a construir salud.

No dudes en visitar nuestro canal de youtube donde estarás al tanto de todas nuestras novedades.

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