Una vez más aquí van nuestras nuevas aventuras en esta entrada se Shiatsu en Alforjas.

Semana 4 Shiatsu en Alforjas: Estancia San Pascual – Ciudad Quesada – Costa Rica

La semana empezó con una expedición: ir hasta la capital, San José. Nuestros terapeutas viajeros tenían en primer lugar una cita con su enfermera obstetricia tica, Mónica. Hasta ahora sólo habían hablado con ella por videollamada, por lo que ahora era hora de conocerse en persona y hacer algunos chequeos de rutina para comprobar la buena evolución del embarazo. En segundo lugar tenían que visitar algunas opciones de nueva ubicación, se acerca la fecha de la venida de la nueva personita.

Mónica vive y trabaja en San José. Les pidió que se asienten cerca de la capital para poder garantizarles un acompañamiento óptimo pre, durante y post parto. Hay apenas unos cien kilómetros desde Ciudad Quesada hasta la capital, sin embargo el trayecto en bus es de unas 3 horas y media.

Pararon en Alajuela para visitar dos opciones de casas. Aprovecharon para sentir la vibra de esta ciudad dormitorio. Bastante ajetreo y febrilidad característico de las grandes ciudades, nada que ver con la tranquilidad san carleña. Hacia el mediodía hicieron su primera comida de frutas: unas dulces y jugosas piñas compradas en la feria del agricultor de Quesada.

Tomaron otro bus para llegar al centro de San José. Es una ciudad de alrededor de un millón de habitantes, con sus ventajas y desventajas de gran urbe. La consulta de Mónica está relativamente alejada del bullicio y frenetismo del centro. El primer contacto fue muy agradable y orientador para los terapeutas gestantes. Conversaron un buen rato sobre mil cosas y experiencias vividas, hábitos de vida y, experiencias familiares con los partos.

Mónica chequeó la barriga de la morena, palpó la cabeza y la espalda del bebé. En poco más de un mes la barriguita creció de 21 a 29 centímetros. Los tres escucharon los 138-150 latidos por segundo del corazón de la personita que viene en camino. Será niña? Será niño? Las apuestas están abiertas estimado lector, si te apetece puedes apuntar lo que piensas que es en los comentarios.

Ya estaba bien avanzada la tarde cuando salieron de la consulta de Mónica. Se dirigieron rápidamente al terminal de autobuses, el hambre apretaba, no había tiempo ni implementos para comer la guanábana super madura que habían comprado horas antes. Por suerte un negocio chino dentro del terminal tenía paquetitos de bananos deshidratados. Se hicieron con unos cuatro y una botella de agua para aguantar las tres horas y media del viaje de regreso.

Llegaron a la Estancia bien entrada la noche. Nina y Bigotes tardaron unos minutos en salir de sus respectivas cuevas para comer. Los terapeutas gestantes calmaron su sed y hambre con la guanábana que resultó estar jugosa y bien dulce, un manjar perfecto para esa cena tardía.

Al siguiente día fueron a ayudar a Nelly, Memo y Don Arnaldo en la huerta orgánica de Las Hortensias. Pasaron un rato agradable y revitalizador con los compis huerteros, el único traspié fue la ligera quemada de sol con la que salió de allí la morena. Para esos inconvenientes nunca falta alguna plantita de aloe vera con sus poderosas facultades regeneradoras de la piel.

Ese mismo día fueron y volvieron con Macho de la Feria del Agricultor de Quesada. Hicieron un avituallamiento rápido de frutas y hortalizas y compartieron unas pipas con el amable quesero. Para celebrar el nuevo ciclo de los días, la llegada de Jesús o simplemente el hermoso día 24 en San Pascual caminaron hasta el mirador de la finca. Esta vez los acompaño solamente Bigotes. No podían determinar si estaban jadeantes por la subida empinada o por el panorama hermoso, sobre todo, el valle de San Carlos enmarcado por el volcán Platanar y el volcán Arenal.

Pasaron unos momentos únicos observando el paraje natural desde el mirador antes de volver a casa por la carretera de San Vicente.

Pasaron el resto de la semana haciendo pequeños arreglos en los jardines de San Pascual y claro, manteniendo al día sus responsabilidades con Working Wellness. Hacia el final de la semana el frente frío no les impidió darse una vuelta por Quesada. La intensidad de los chubascos tampoco fueron freno para que Silvio viniera a cortar el césped de San Pascual el domingo por la tarde. Allí, le dejó al rubio un trabajito de asistente recolector de césped cortado.

Aunque la semana estuvo un poco trastocada por eventos inhabituales, nuestros terapeutas viajeros realizaron sus tres entrenamientos funcionales semanales mínimos. Aunque a veces las circunstancias sean contrarias a ciertos hábitos saludables hay que buscar soluciones creativas para mantenerlos en todo momento.

Qué sucederá la próxima semana? Nuestros terapeutas nómadas se quedarán en San Pascual? Lo sabrás en nuestra próxima bitácora.

Semana 5 Shiatsu en Alforjas: Estancia San Pascual, Ciudad Quesada, Costa Rica

Una semana que empezó con bastante movimiento para nuestros terapeutas gestantes y con agua a cántaros… Por la mañana del lunes vino Yerlin, la chica encargada de la limpieza de la estancia. Para la noche vieja se espera un buen tropel de huéspedes, así que una limpieza un poco más profunda era necesaria. A la vez vino el hermano de Silvio para darle una mano con la cortada del césped.

Como estaba lloviendo al estilo San Carleño, la morena se concentró en avanzar en sus múltiples proyectos para la tienda online de Working Wellness. En cambio el rubio, que ya estaba deseando tomar aire, se puso el traje de aguas para en primer lugar ir a ayudar a Silvio y Macho en la elaboración del queso palmito y, en segundo lugar, recolectar una buena parte de las yerbas recién cortadas en los alrededores de la estancia.

Al siguiente día terminaron de empacar sus tres chécheres, porque sí estimado lector, estos viajeros han finalizado su estadía en este hermoso rincón de Costa Rica. Fueron a despedirse de la hermosa familia compuesta por Macho, Machito, Memo, Nelly, José Pablo y Lucía. Solo pudieron despedirse de los dos primeros porque el resto de la familia se había «escapado» a cambiar de ambiente en su día de descanso. Les dejaron de recuerdo unas deliciosas bolitas de crema de anacardos con coco.

Poco más tarde, llegó el muy gentil Eugenio para recibir la casa y despedirse de los terapeutas conserjes jardineros. El sol ya daba señales de evaporar las nubes cuando llegó Miguel a buscarlos para ir a su nueva locación. Estibaron sus mochilas en la camioneta, se despidieron de Eugenio y tomaron la ruta de la sierra que los llevaría a Ciudad Colón.

Por todo el camino charlaron con Miguel que resultó ser un antiguo ciclista, no por lo viejo sino por el tiempo que dejó este deporte. Hasta hace poco lo había cambiado por el rugir de los motores en las competencias de piques de un cuarto de milla.

Ciudad Colón es un pueblo de unos doce mil habitantes, está a unos veinte kilómetros al suroeste de la capital, San José. El día de su llegada ya estaba anocheciendo, sin embargo, con lo poco que vieron nuestros terapeutas viajeros, pudieron observar la exuberante naturaleza que rodea el pueblo y el perfil de la ciudad casi plano en comparación a Ciudad Quesada.

ruta bicicleta

Cabe destacar que Ciudad Colón es bastante mixta tanto a nivel social como a nivel de nacionalidades. Esto quizás se explica por la proximidad que tiene el pueblo con la Universidad de la Paz, el único instituto de educación superior regido por la Naciones Unidas cuyo objetivo es ofrecer la posibilidad a sus maestrandos y doctorandos de desarrollar investigaciones sobre temas de desarrollo social, comunicación positiva, organización comunitaria, etc.

El miércoles por la mañana era la feria del agricultor del pueblo. Esto motivó a nuestros catadores de frutas a realizar un avituallamiento para los siguientes días. El lugar con pocos vendedores, sin embargo la calidad de los productos perfecta para los paladares frutales y vegetales. Complementaron su avituallamiento explorando las diferentes fruterías cercanas, en alguna fue inevitable pedir unas deliciosas pipas (coco de agua).

Al siguiente día fueron a visitar a Sharon y familia en su finca muy cerca del pueblo. Ellos compraron 25 acres (unas 14 hectáreas) de tierras de una reciente explotación ganadera hace unos cuarenta años. Como su objetivo poco tenía que ver con criar ganado dejaron que la naturaleza reconquistara el territorio perdido.

Hoy día se ha convertido en una selva cuasi primaria, solo ocupada por cuatro casa, un pequeño gallinero y un pequeño conuco. Ahora se ven pájaros de muchas especies, culebras y serpientes, sin faltar claro, los reyes del lugar: monos aulladores a montones. Estos últimos están muy felices disfrutando de la buena cantidad de bananos disponibles en los diferentes espacios de la finca.

Charlaron un poco con José, el jardinero, único en su estilo por su capacidad de secar las plantas de yerbabuena y menta. También con una atípica categorización de las personas: si solo hablan inglés u otra lengua, son malas, si hablan español, son buenas aunque hablen otros idiomas.

Sharon es una antigua partera, hoy día por su edad ya no se dedica a ayudar a nacer bebés sin embargo, la idea de quizás tener una pareja gestante o recién parida cuidando su finca parece serle simpática.

La noche vieja fue tranquila, tanto para nuestros terapeutas como para los lugareños, música a un volumen aceptable y pocos fuegos artificiales, o juegos de pólvora como dicen los ticas. Nuestros terapeutas esperaron la medianoche para hacer su ritual viajero: una vuelta con sus corceles de dos ruedas, los bolsos con todo lo necesario para iniciar el nuevo ciclo de 365 días con buen pie y, una buena dosis de buenas vibras para repartir donde sea necesario.

El resto de la semana la pasaron tranquilamente o bien trabajando en sus diferentes proyectos de Working Wellness, explorando la ciudad y sus alrededores sin olvidar claro, sus entrenamientos funcionales para llegar a viejos lo más enteros posibles. Las frutas más deliciosas de la semana han sido las granadillas, las guanábanas, los bananos dátiles y las papayas. Estimado lector si tienes curiosidad por estas frutas te invitamos a conocerlas, seleccionarlas y como comerlas en nuestro canal de YouTube.

Gracias por leernos, les deseamos un año lleno de felicidades, proyectos fructuosos y sobre todo mucha salud.

Semana 1: Ciudad Colón, Costa Rica

La semana se anunciaba algo agitada para nuestros terapeutas gestantes. Les tocaba dejar el hospedaje temporal por la zona este del pueblo para irse a la punta oeste de la ciudad, a unos 20 metros de la finca de Sharon.

El lunes habían quedado en la mañana con Rodolfo (esposo de Chantal, amigos de Sharon) para que les abriera su nueva casita. Se trataba de una casa de huéspedes de unos amigos de Sharon. Una linda vivienda de unos 70 metros cuadrados con sala-comedor-cocina, una habitación, un baño, una espectacular vista sobre las montañas circundantes, árboles majestuosos y aire bastante limpio. Tenían previsto entrar en la casa el martes, sin embargo para facilitar la pequeña mudanza en bicicleta decidieron hacerla en dos partes.

Rodolfo muy amable, accedió a abrirles la casa un día antes de lo previsto. Este nuevo lugar no cuenta con WiFi, así que el resto del día fue para actualizar trabajo digitales para Working Wellness y también realizar su primer entrenamiento de la semana.

El martes fue de mudanza definitiva, limpieza más a fondo de su nueva casa. Efectivamente había permanecido casi un año sin huéspedes por razones de la innombrable. Estimado lector, te podrás imaginar que aunque la hubiesen limpiado días antes, la vivienda seguía supurando el polvo acumulado. Es probable que a nuestros terapeutas les toque realizar unas cuantas limpiezas para conseguir erradicar el polvo viejo.

Al día siguiente, un poco borrachos del arduo trabajo de limpieza y del polvo, entrenaron su día 2 de movimientos funcionales. Luego, ya fueron a conocer la feria verde del pueblo. Esta se organiza todos los miércoles desde las 12 hasta las 7-8 de la noche. Nuestros terapeutas frutales se quedaron un poco sorprendidos con la poca cantidad de puestos de frutas y hortalizas frescas. La mayor parte eran productos artesanales “orgánicos”, desde jabones hasta jamones. Muchos preparados, algunos con buenas pintas como unas hamburguesas de lentejas en pan artesanal, salsa pesto vegana (la cual llevaron una para probar) o tomates deshidratados en aceite de oliva. Como ya estaban pobres de frutas, se avituallaron en el super de los chinos del pueblo y en la frutería de Luís.

En los días siguientes se reunieron con Sharon, esto con la finalidad de organizar su probable nuevo acuerdo Workaway. En esos días también conocieron un poco más a Yeraldi, unos de los hijos de su vecina tica contigua a la casa. Como muchas personas costarricences es simpático y amable, tiene habilidades para reparar bicicletas, así que en un futuro quizás les dé una mano a nuestros terapeutas viajeros.

El viernes realizaron su último entrenamiento organizado de la semana. Ese mismo día fueron a reconocer las instalaciones de agua y electricidad de una de las casa de Sharon. Su próximo Workaway podría incluir reparaciones menores relacionadas con la luz y el agua. Conserjes en yerbas prevenidos valen por cuatro.

El sábado fue un día bastante movido. Nuestros terapeutas quisieron ir sin falta a la feria del agricultor de Ciudad Colón. Esta se organiza los sábados por la mañana y, esta vez, casi solo habían puestos de fresco. Una dicha dirían los ticas. Aprovecharon la ocasión para avituallarse en bananos criollos, bananos dátiles, plátanos machos, papayas, piñas, granadillas, maracuyás, chayotes, camotes, tomates, pepinos, cilantro y perejil.

Por la tarde de ese día, realizaron una expedición hasta San José con el objetivo de hacerse con algunos bienes esenciales para la futura persona que viene en camino. Era su segunda visita a la capital, y al ver el hervor de personas y sentir los vapores de fritanga en cada esquina agradecieron poder haberse establecido en Ciudad Colón.

El domingo, el rubio de levantó con picazón de piernas. Revisó con premura su corcel y tardó poco en enrumbarse hasta la Universidad por la Paz, a unos diez kilómetros de la casa. Consiguió una carretera abarrotada de ciclistas y pocos vehículos motorizados, árboles majestuosos haciendo algo de sombra a nuevas plantaciones de café. La universidad está al final de un subida de más del 10%, unas edificaciones pequeñas y bastante sencillas, quizás un poco dentonante con la imagen mundial de la ONU.

Bien nutrido de naturaleza regresó a casa. Allí consiguió a la morena animada en bicicletear un poco, por lo que salieron a dar una vuelta por el anfiteatro de Ciudad Colón, una suerte de antigua cantera convertida en exposición de arte y restaurante fiúfiú.

nutrición

Regresaron de esa pequeña excursión hambrientos y sedientos. Después de un primero de papaya prepararon unas cena especial: sushi crudivegano con “arroz” de coliflor. Esta vez, realizados sin esterilla y además, probando de hacer una parte de los roles con el “arroz” por fuera. Toda una proeza de las hábiles manos de la morena. Esta deliciosa de sushi increíbles por su sabor frescura estará disponible en nuestros programas de nutrición de 7, 14, 21 y 28 días. Os avisaremos cuando estén disponibles en nuestra tienda online.

Semana 2 Shiatsu en Alforjas: Ciudad Colón, Costa Rica

El verano o estación seca se está empezando a afianzar bastante bien. Estos días han sido de actividades en algunos aspectos de Working Wellness. La morena está terminando de diseñar varios retos nutricionales para ser llevados a cabo entre 5 y 10 semanas. Están listos y van con una guía detallada para que la persona pueda empoderarse y llevar a cabo el proceso con los mejores pronósticos.

El rubio por su parte está aprovechando el retomar las producciones audiovisuales para YouTube, un deber pendiente que está muy feliz de poner al día. El internet ha sido un tema algo complicado estos días, por lo que les ha tocado organizar parte de la producción digital offline y, luego, realizar las cargas en un ciber de la villa.

Como suele ser habitual organizaron sus entrenamientos funcionales para los días lunes, miércoles y viernes. Siempre retadores e incluyendo algunos estiramientos combinados con la estimulación de puntos claves de Shiatsu.

Hacia la mitad de la semana en una de sus incursiones para alimentar a las gallinas de la finca de Sharon, siguieron un pequeño camino hasta la Quebrada La Honda. Tenían ilusión de ver algunos monos ese día, sin embargo ese día no se dejaron ver entre las copas de los árboles de la selva. En cambio vieron muchos colibríes y un hermoso pájaro azul con una pluma solitaria del mismo color en la cola, quizás un primo del quetzal.

La quebrada un poco seca por la temporada igual está rodeada de árboles que crecen altísimo y a veces tan frondosos que se hace prácticamente imposible saber si el cielo está despejado o nublado.

Hacia finales de la semana la morena fue contratada por la familia de Sharon. Necesitaban una intérprete para realizar unas consultas en un despacho de abogados, aprovechando su grado de filóloga aceptó con agrado la oferta. Un ejercicio al que la morena le resultó menos complicado de lo que pudo haberse esperado, ya que sin contar con el léxico técnico pudo resolver bastante bien y con soltura, salvo por un par de consultas con el traductor de Google para evitar malentendidos.

El sábado nuestros terapeutas viajeros realizaron una nueva expedición para San José. Esta vez con la finalidad de adquirir algunas cositas para el futuro miembro de la familia. Caminaron un poco por el bullicioso centro de la ciudad, cerca del hospital San Juan de Dios y del mercado de la Coca Cola.

En sus andares pararon en un pequeño restaurante venezolano que hacían cocos para el rubio y el poder degustar una empanada de dominó y una arepa vegetariana. Sus papilas gustativas lo transportó a otros tiempos y ambientes tropicales. La morena probó un poco de cada cosa y llegó a la conclusión de que lo que más amaba de la comida popular venezolana era la salsa tártara (mayonesa, ajo y perejil), obviamente no comería solo la salsa pero según sus memorias de pasadas comidas, todas coinciden con este ingrediente particular.

nutrición

Habían terminado de comprar algunas ropas de bebé, ahora solo les faltaba verse con su matrona. La amable Mónica les había reunido diversos materiales para llevar a bien las diversas tareas que les vienen a los futuros padres. Les sobraba tiempo para reunirse con ella y ya el hambre estaba asomándose por lo que decidieron probar la propuesta gastronómica de un lugar vegano alejado del agitado centro de la capital.

Eligieron para degustar de esta carta y restaurante con buen marketing un patacón (rodaja de plátano macho verde frito aplastado hasta lograr una circunferencia) relleno de «Pulled pork» elaborado con setas, conchas de plátano deshebrado y guacamole por encima. Como venían dos unidades lo tomaron para probar ambos. El rubio se aventuró con un clásico venezolano, el choripan (es como un perrito caliente tradicionalmente hecho con pan francés y chorizo) elaborado con una «salchicha» estilo falafel. A la morena le hacia ojos un wrap de alga nori crudivegano relleno de hummus crudo (paté de garbanzos germinados), zanahoria marinada, lechuga, pepino y germinados de alfalfa que se pidió con muchas ganas.

Como todo es equilibrio en esta vida, es importante darle paso también a este aspecto humano, con lo cual «una cana al aire» de vez en cuando esta genial, sobre todo si lo que más importa es lo que haces el resto del tiempo y en ello nuestros terapeutas invierten mucha energía en construir su salud. ¿Tú cómo llevas el tema? ¿Cómo te cuidas el resto del tiempo? ¿Te sueltas la melena de vez en cuando?

Al día siguiente descansaron de los excesos alimentarios del día anterior. Aunque fuera domingo, también pudieron continuar con el arduo trabajo de edición de los retos nutricionales, gracias a que en Costa Rica los fines de semana todo sigue funcionando como si fuese cualquier otro día. Algo muy cómodo como dirían los ticas que en muchas ocasiones es útil para salvar cualquier situación de último momento.Terminaron el día preparando sus mochilas para un pequeño viaje. Estimado lector, ¿para dónde crees que pretenden ir estos dos? ¿Monte adentro? ¿Playa?

Semana 3: Ciudad Colón, Costa Rica

No fue con poca emoción que nuestros terapeutas viajeros iniciaron la semana. Apenas se vislumbraba el amanecer cuando salieron de su casa el lunes por la mañana. Su plan era darse una escapada a conocer un pedacito de la costa pacífica de este pequeño país.

El lunes por la mañana, entonces, fueron hasta San José para tomar el bus que los llevó a Quepos. Les habían comentado que se trataba de un pequeño pueblo de pescadores, bastante tranquilo, ideal para disfrutar de la playa y de los atardecer espectaculares del Pacífico. El trayecto dura una 3 horas y media desde la capital, con una parada de por medio para estirar las piernas y picar algo para quienes tengan apetito.

Por la diferencia de altura entre la región capital y la costa se aprecia ciertos cambios de vegetación, sin embargo la sensación térmica es lo más notable. Ahora mismo los mangos están en flor, por la cantidad de árboles que hay, por lo que la temporada de cosecha debe ser una auténtica locura.

Llegaron a Quepos sobre el mediodía, el sol y la humedad pretendían cocinar a todo aquel que caminara por el pueblo. Habían decidido quedarse en una casa de huéspedes algo retirada del centro, y es que la tranquilidad y el silencio es algo que aprecian mucho nuestros terapeutas.

Al llegar a la Casa Pura Vida los atendió Pamela, una simpática Tica originaria de San José que fue seducida por las aguas verdes del Pacífico. Su compañero Jorge comparte la aventura de tener una casa de huéspedes. Han abierto hace apenas 4 años, primero una sola habitación dentro de la casa principal. Hoy día con más de cinco habitaciones más una tiny house. Un éxito que han tenido por la excelente forma de recibir a sus huéspedes, la pulcritud de sus instalaciones y sus amenas conversaciones.

Como ya habían rodado bastante ese día, nuestros terapeutas viajeros decidieron descansar, darse una vuelta por las calles aledañas a la casa y programar su primer día de playa. Estos días, Jorge y Pamela tienen más tiempo libre, la pandemia ha disminuido la cantidad de visitantes. Por este motivo, le propusieron a nuestros terapeutas playeros ir la mañana siguiente a dos conocidas playas de este rincón de Costa Rica. El parque Nohemí y la playa de Biesanz.

Temprano al día siguiente fueron con Jorge y Pamela hasta el parque Nohemí a ver si alguna pereza se dejaba ver. Consiguieron una hermosa vista sobre la costa tropical, las perezas se habían movido para otro punto de la ensenada de acuerdo a los cuidadores del parque.

El siguiente era playa Biesanz, una hermosa playa escondida dentro de la jungla costera. Después de un pequeño chapuzón los amables hospedadores se despidieron dejando a los terapeutas playeros disfrutar de las cálidas aguas del pacífico tropical. Después de nadar y disfrutar de los rayos del sol mañanero, decidieron realizar su entrenamiento de movimientos funcionales, combinado con fuerza y resistencia.

El sol estaba empezando a calentar seriamente cuando decidieron irse para evitar los inconvenientes que puede producir exponerse al astro solar. Realizaron un avituallamiento de frutas, vegetales y pipas antes de volver a la casa de huéspedes. Hacia el final de la tarde Jorge y Pamela les ofrecieron ir hasta la marina de Quepos para ver la puesta del sol sobre el pacífico. Un deleite visual con cambios de colores espectaculares en las nubes del horizonte.

Al día siguiente fueron a conocer la playa de la Espadilla Norte. Está ubicada en la entrada del parque nacional Manuel Antonio, 3 kilómetros de arena color crema con árboles de manzanillo y cocos. Algunas sillas de playas y pequeñas escuelas de surf disponibles para la diversión de los visitantes, todo ello concentrado en la zona sur de la playa. Para quienes buscan más tranquilidad simplemente hay que caminar unos centenares de metros hacia el norte. Si se llevan frutas o cualquier otro alimento es mejor tenerlos bien guardado en los bolsos para evitar ser asaltado por los monos capuchino que pueblan las arboledas costeras.

vida saludable

Ese día disfrutaron de una playa con el mar casi plano y aguas cristalinas. Eso sí, con sus aguas a 28ºC no es apta para los amantes de las frescas aguas del atlántico europeo. Utilizando la misma estrategia que el día anterior se fueron de allí cuando el sol empezó a calentar más de lo humanamente soportable.

Regresaron a la Casa Pura Vida donde pasaron la tarde relajados y conversando un poco con sus amables hospedadores. Después de darle unas cuantas vueltas a las diferentes opciones para hacer el día siguiente decidieron entrar a conocer el parque nacional Manuel Antonio. A diferencia de muchos países, Costa Rica aplica un costo de entrada a sus parques nacionales.

El jueves cuando salieron de la Casa Pura Vida apenas empezó a aclarar el día. Por dicha, lograron atrapar un taxi colectivo que los llevó directamente a la entrada del parque. Antes de las 8 estaban realizando las formalidades para entrar al parque. Pa entrar al parque, hay que lavarse las manos y luego pasar por el dispensador automático de tiquetes.

Lo primero que se atravesaron fue una selva de manglares poblada de cangrejos y aves. Luego tomaron el camino del perezoso, allí estaban a la sombra de grandes árboles y palmeras, a esa hora apenas se veían animales como el guaqueque o agutí centroamericano. Caminaron hasta la playa de Las Gemelas: un par de pequeñas playas de arena blanca y rocas negras. Cuando estaban saliendo de allí, la morena vio una pareja de monos aulladores en la copa de un árbol, muy relajados observando el amanecer sobre el océano.

Tomaron el camino selvático de la playa Dos del parque, y a su derecha vieron muchas ramas agitándose, era un grupo de monos ardilla o tití. Unas linduras de monos que intentaron capturar con los lentes de sus móviles, lamentablemente sólo lograron hacer unos vídeos borrosos.Unos doscientos metros más tarde se encontraron con un grupo de monos capuchinos. Colmados de monos llegaron a la playa 2 Manuel Antonio, una hermosa extensión de arena blanca bordeada de palmeras y manzanillos. Se bañaron en sus cálidas aguas cristalinas.

Disfrutaron de entrenar movimientos funcionales y de fuerza con la dificultad adicional de realizarlos en la arena. Pudieron nadar a sus anchas en el agua casi transparente antes de darse un duchazo de agua dulce. Porque sí estimado lector, esta playa cuenta con baños públicos para los usuarios del parque.

Hacia el mediodía salieron de allí pasando por el mirador de La Trampa de la punta de La Catedral, atravesaron un cachito de selva ocupado por los monos capuchino que habían atravesado la playa horas antes. Continuaron bordeando la playa de La Espadilla Sur para volver a la entrada del parque. Unas deliciosas y acuosas pipas les permitieron aprovechar la tarde para descansar y estar bien relajados en la Casa Pura Vida.

El viernes les tocaba volver a Ciudad Colón, sin embargo, como el bus salía al mediodía tenían una ventana por la mañana para darse un buen baño playero. Escogieron ir a la playa de La Espadilla, ese día tenía más olas para los surfistas. El rubio jugó un buen rato con las olas mientras la morena exploraba el resto de la playa.

Hacia las diez se despidieron los monos capuchinos y volvieron a la casa de huéspedes para hacer sus mochilas. El bus esta vez no fue tan puntual a la salida, sin embargo recuperó gran parte del tiempo en el trayecto hacia San José. Pasaron las horas de viaje observando el paisaje arbolado, playero y de puestos de frutas en los bordes de la carretera.

Llegaron a Ciudad Colón al principio de la noche, felices de haber podido pasar unos deliciosos días en las hermosas playas del Pacífico costarricense. El sábado es el día de la feria del agricultor en el pueblo, habían planeado su viaje para no perdérsela. Se avituallaron de papayas, bananos dátiles, piñas, granadillas, tomates, pepinos y unos pancitos artesanales que le hicieron ojitos al rubio. Más tarde consiguieron unas hermosas guanábanas en un supermercado local. Con este botín deberían poder aguantar unos cuantos días.

El domingo se reunieron con Sharon y familia, y durante el rato compartido les confirmaron que se iban el día siguiente para los Estados Unidos. Por lo tanto, necesitaban que nuestros terapeutas cuidadores se hiciesen cargo de su finca e inquilinos humanos y avícolas. Acabaron el día preparando su mudanza, por dicha hay apenas unos 30 metros entre su vivienda actual y su nueva locación. ¿Cómo será su nueva casa? ¿Conseguirán adaptarse bien a sus nuevas responsabilidades?

Lo sabrás en nuestra próxima bitácora. Hasta pronto estimado lector

Además no dudes en visitar nuestro canal de Yotube.

0
    0
    Tu carrito
    Tu carrito está vacío