Descubre que nos depara en esta nueva bitácora de Shiatsu en Alforjas…

Semana 11 Shiatsu en alforjas: Finca Manantial de Luz

Al llegar por la noche del domingo nuestros cicloterapeutas se llevaron una sorpresita… Emeli había invitado dos nuevos trabajadores voluntarios, un griego, Yoisif y, un canadiense, Eric. En un primer contacto los dos jóvenes hombres aparentaban ser simpáticos aunque un poco demasiado conversadores para nuestros vespertinos y cansados viajeros.

La luna esta semana está en fase creciente, excelente oportunidad para controlar el crecimiento de todo tipo de yerbas y arbustos. Por lo tanto el rubio fue enviado a cortar de patica unos árboles o bien muy viejos, muy cercanos a alguna construcción o simplemente muy cercanos a otros árboles frutales. En otros momentos, fue enviado a güarañar los bordes externos de la finca.

La morena fue enviada a cosechar unas pocas cestas de mangos, a la vez continuó con sus labores de fertilización de los árboles frutales. Entre estas semanas consiguió acabar con un bote de 200 litros de Terra preta. En casi tres meses ha logrado nutrir una buena parte del vergel de Emeli.

Al ver que uno de los contenedores estaba vacío, la sexagenaria le pidió al rubio preparar una nueva masa de afrecho de trigo, carbón vegetal, hummus de lombriz, microorganismos, minerales y melaza.

Los chicos nuevos fueron enviados a triturar todos los restos de podas acumulados durante las semanas anteriores. Ahí es donde sus habilidades de trabajadores campestres fueron cuestionadas cuando Emeli se dio cuenta que tenían bastantes dificultades para realizar este trabajo…

Es importante cuando se presenta una candidatura en WorkAway leer muy bien la descripción del trabajo que se requiere en un lugar. Una vez comprobado que se tienen las habilidades necesarias para satisfacer los requerimientos pedidos se puede ofrecer una candidatura. Esto evita pasar por momentos desagradables tanto para el propietario del lugar como para los trabajadores voluntarios.

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Realizaron sus entrenamientos funcionales el domingo, martes y jueves, un ligero cambio de días para facilitar ciertas actividades previstas para los últimos días de semana.

La morena sacó tiempo para preparar un par de comidas deliciosas, esta vez: rollitos de ricota de almendra y tostadas de boniato. Toda una delicia visual y gustativa.

Como tenían el tiempo un poco limitada, esta semana Emeli recibió solo una sesión de drenaje linfático manual y una sesión de Shiatsu. Esta limitación de tiempo se debió a que nuestros cicloterapeutas habían decidido ir a conocer un país lejano. Buscaron una locación compatible con sus habilidades, enviaron su candidatura y fueron seleccionados, nuevas aventuras y aprendizajes en perspectiva.

En previsión del futuro viaje hubo que organizar algunas movidas como el transporte de las bicicletas, adquirir alguna maleta y dejar el apartamento pulcro para futuros residentes de la finca.

Bastantes tareas que coparon todas las tardes de la semana aunque se hicieron llevaderas por la ilusión de viajar a otras latitudes e ir a tierras desconocidas.

El viernes por la mañana terminaron de preparar su salida hacia el nuevo lugar. Se despidieron de Emeli y cogieron rumbo al aeropuerto de Málaga. Era la primera vez que viajaban con sus bicicletas utilizando medios aéreos. Por eso, para evitar inconvenientes por novatos en el asunto llegaron a hacer los trámites para llevar sus bicis unas tres horas antes del despegue.

Todo el proceso resultó bastante sencillo, se despidieron de sus corceles en el control de seguridad y se dirigieron a su puerta de embarque. Llegaron a París al principio de la noche, el siguiente vuelo salía al otro día por la mañana. En otras ocasiones han dormido dentro de diferentes aeropuertos, pero está vez eran 15 horas de espera. Mucho tiempo para escuchar los repetitivos anuncios de los altoparlantes y mal dormir sobre los asientos de la terminal. Prefirieron escoger un hospedaje para la noche. Una buena cama es propicia para descansar bien aún con la tensión emocional que puede generar un viaje largo.

Al otro día, antes de abordar el siguiente vuelo, se hicieron de unas ensaladas para poder comer algunas cosas frescas aparte de las frutas que llevaban consigo.

Ciertamente la comida que se sirve en los aviones suele ser diseñada para que los viajeros no tengan ganas de pasar por el baño. Digamos que se sirven platos que deshidratan el cuerpo y ralentizan la digestión.

Para evitar pasar por esos malestares estomacales nuestros cicloterapeutas siempre dejan un espacio en sus mochilas para llevar frutas frescas, de esta forma pueden mantenerse hidratados y recibir la comida de los aviones sin mayores consecuencias.

Su destino estaba a unas doce horas de vuelo, tiempo suficiente para ponerse al día con las películas que no habían visto durante el año, charlar entre ellos y también aburrirse.

El avión llegó un poco más pronto de lo previsto. Se abrió paso entre las nubes y dejó ver la densa vegetación de la selva justo antes de aterrizar. Atravesaron inmigración sin contratiempos, lo único que tenían en mente era poder recuperar sus bicis enteras por la correa correspondiente. Gracias al universo en poco minutos ya habían recogido sus corceles y estaban fuera del aeropuerto disfrutando del aire tibio de la tarde.

Poco después estaban conversando con Eugenio, enrutados hacia su próxima locación. Eugenio es el muy amable propietario de la finca donde prevén nuestros cicloterapeutas quedarse por una temporada. En el camino pudieron ver vendedores ambulantes de mamón chino (rambutan) y manzana de agua (pomalaca o pomagas), asimismo ventas de frutas multicolores.

Para que pudieran avituallarse el sexagenario los llevó a un supermercado local.Allí llenaron su carrito de papayas, piñas, banano criollo, banano dátil y algunos vegetales. Nuestros cicloviajeros estaban maravillados con esas vistosas y olorosas frutas, seguro que en las próximas semanas podrán visitar alguna feria de agricultores.

Todavía faltaba unos kilómetros para llegar, y mientras conversaban miraban atentos la densa vegetación de aquel lugar. Advirtieron que no paraban de subir por una montaña volcánica. Eugenio les indicó que su finca está a unos 1000 msnm y que para los siguientes días estarán bajo los efectos de un frente frío. Esto se traduce por inestabilidad climática, lluvia, sol, viento y niebla, todo en el mismo día hasta que se descarguen las nubes.

Llegaron al principio de la noche, ya iban casi 48 horas de viaje. Sus cuerpos y mentes estaban un poco bajos de energía por lo que comieron unas pocas frutas frescas. Al rato ya se despidieron de Eugenio y se fueron a dormir temprano.

Durmieron lo que les permitió el jet lag, es decir, a las 4 de la madrugada estaban más despiertos que unas lechuzas. Por suerte en este país nuevo para ellos, el día empieza a despertar a las 5 y media. Por lo tanto, no tuvieron que esperar mucho para salir a explorar los alrededores de la Estancia San Pascual.

Afuera les esperaba un cielo variopinto, nubes con diferentes tonalidades de blanco y gris, algunos toques de azul y el sol intentando hacerse un hueco entre esta multitud.

Saludaron a Nina, la perrita hembra que mantiene alejados los animales silvestres junto a su compañero Bigotes, el perrito que aún no ha vuelto de sus periódicas excursiones.

Caminaron por la finca hasta la naciente de agua de la ciudad cercana, hay bastantes árboles de guayabas silvestres, árboles gigantes, helechos arborescentes, pájaros con colas amarillas o rojas cuyo canto es muy diferente a lo que han escuchado hasta ahora.

Durante el recorrido se toparon con unos pocos becerros acompañados por una yegua. Todo es nuevo, todo es descubrimiento. En otro momento decidieron caminar un poco en la vía por la que habían llegado el día anterior. Desde allí pudieron ver una parte del valle central, a sus pies Ciudad Quesada, la pequeña ciudad está a unos 3 kilómetros cuesta abajo. Cada tanto hay casas ocupando los bordes de la vía, en su mayoría se nota que son casas secundarias.

Por la tarde Eugenio les ofreció ir hasta la ciudad para completar la compra del día anterior. Nuestros viajeros ya habían degustado las papayas y bananos dátiles maduros, y no podrían esperar hasta el jueves para ir a la feria del agricultor para avituallarse.

En esta parte del planeta los comercios de productos básicos están abiertos todos los días por lo que se acercaron al Walmart que según Eugenio encontrarían todo lo que podrían necesitar. Se hicieron con algunas frutas, como banano criollo y más papayas, para más frutas tendrían que esperar ir tener moneda local para ir a una frutería bien surtida y colorida.

También curiosearon los pasillos de comestibles, siempre es muy instructivo para aprender sobre las costumbres alimenticias de los locales. Al salir la morena adquirió una tarjeta sim local para poder comunicarse más fácilmente dentro del país.

Al regresar cenaron temprano. Tuvieron una buena conversa con Eugenio y se fueron a dormir rendidos por el cambio de hora que les hacía sentir que ya eran más de las tres de la madrugada.

Qué les tiene preparado el universo para la siguiente semana? Lo sabrás en nuestra próxima bitácora? A qué país crees que han llegado nuestros cicloterapeutas?

Semana 1 Bitácora Shiatsu en alforjas:Estancia San Pascual, Quesada, Costa Rica

El tercer día de haber llegado empezó con una espesa neblina. Nuestros terapeutas viajeros se preguntaron por un momento si es que sin darse cuenta habían vuelto a Galicia. Por suerte, la temperatura del aire indicaba que estaban a una latitud mucho más cercana al ecuador. Como suele pasar los primeros días son de adaptación al entorno y asimilar los requerimientos que requiere el anfitrión.

En la Estancia San Pascual no hay horario de trabajo como tal, Eugenio estima que hay que trabajar unas tres horas, los voluntarios que han de ser máximo dos, pueden organizar su jornada como les plazca.

El trabajo es bastante sencillo: mantener la casa limpia, regar las plantas y desyerbar las jardineras, realizar pequeñas reparaciones de mantenimiento general y sobre todo alimentar a los dos perros que cuidan la casa, así mismo salir a caminar con ellos y bañarlos cada ciertos días.

Estimado lector si te acuerdas de los capítulos anteriores, en Almayate era muy distinto. Cada jornada con una lista específica de objetivos y un horario al que atenerse. Para nuestros terapeutas nómadas fue un cambio bastante notable, ahora tienen la sensación de estar casi de vacaciones.

La Estancia San Pascual está a pocos kilómetros de Ciudad Quesada, a unos 1000 msnm. Cuando el tiempo lo permite, se puede observar la llanura del Valle Central, a noreste muy cerca, quizás unos cinco kilómetros a vuelo de pájaro, el volcán Platanar, hacia el suroeste, en el horizonte el volcán Arenal, ninguno de los dos está activo, por suerte.

La vegetación es muy parecida a la que se conoce como Selva Nublada en Venezuela, con una gran variedad de pájaros como colibríes, pájaro paraguas, tucanes, oropelas, buitres y muchos más. Los locales se dedican principalmente a la ganadería lechera, algunos con especies criollas aunque la mayoría se inclinan por la mega productora holstein o la simpática jersey.

En San Pascual están Nina y Bigotes, la pajera de perros «cacris» que cuidan la casa, en un potrero cercano está Gastón, un joven caballo gris cuya curiosidad por conocer quien se le acerca puede sorprender a algún desprevenido. Sobran los helechos arborescentes, las bromelias y los guayabos silvestres, hay algunos cítricos pero parece que el clima, las hormigas o ambos frenan su próspero desarrollo.

Unos cien metros calle abajo está la Ecogranja Don Lolo, una finca biológica con huerta y vacas lecheras, teniendo como especialidad la producción de diferentes clases de quesos. Los productos de la huerta son utilizados en el Restaurante Las Hortensias, este funciona dentro de la Ecogranja. Nuestros viajeros tienen pendiente darse una vuelta por allí, seguro algo hay para aprender de los granjeros y cocineros «ticas».

Durante la semana, el rubio sacó las bicicletas de sus cajas. Mientras las volvía a poner en punto, se dio cuenta que el viaje había averiado unos ejes de las ruedas delanteras de las bicicletas, la protección que les había instalado no fue suficiente. Como Eugenio continuaba con sus quehaceres en Quesada, fueron con él hasta la ciudad. La compra frutal del sábado y del domingo se estaba quedando corta. Por ello, se unieron a su anfitrión para darse una vuelta por las fruterías de la ciudad y conseguir los repuestos de las bicicletas.

Los ejes de las bicis fueron conseguidos en la primera tienda que consiguieron, a un precio que ni la famosa plataforma de las gafam puede ofrecer, por dos dólares ya tenían el tema resuelto.

Nuestros terapeutas nómadas visitaron el mercado municipal, muy ordenado y limpio. Algunos olores les hacían cosquillas en las narices, aromas a empanadas y guisos que confirmaban su llegada a un país latinoamericano.

Se hicieron con unas pipas, así le dicen los ticas a las aguas de coco, recorrieron casi todas las fruterías de la comarca para establecer su propio barómetro de variedades y precios. Se hicieron con mamones chinos (rambutan), unas pocas manzanas de agua (pumalaca), bananos criollos y manzanos, papayas y piñas, como para mantenerse un par de días.

Efectivamente, Eugenio les indicó que los jueves se hace una feria del agricultor en una nave cercana al terminal de autobuses de Quesada. Promete que por unos pocos colones se puede comprar harta fruta, así lo esperaban nuestros viajeros.

Eugenio se despidió de nuestra pareja de aventureros el martes. Les dejó algunas instrucciones para realizar dentro y fuera de la casa, con total libertad para realizar en los días o semanas siguientes.

En los días siguientes fueron realizando algunas de ellas, sobre todo las que se podían hacer dentro de la casa ya que el clima estaba mayormente nublado y lluvioso. Además, aprovecharon alguna tregua para salir a caminar.

Bigotes los acompaña si no está en sus andanzas perriles. En cambio Nina se quedan dentro del perímetro de la estancia. A ambos les gusta que corran con ellos, al rubio le ha tocado hacer de esprinter perros.

La mañana del jueves la neblina cala tontos dio una tregua cerca del mediodía. Nuestro terapeutas nómadas caminaron hasta Quesada, hicieron algunas diligencias antes de llegar a la feria del agricultor. Para su sorpresa, en la entrada de la nave del mercado había una pareja de alemanes con un foodruck, allí vendía salchichas asadas. Igual que el mercado municipal, todo bien organizado, limpio y ordenado, hasta carritos para hacer la compra, algún mercado de otras latitudes no llega a ese estándar.

Tiquisque, ñampi, ayote, éstas son algunas palabras nuevas que aprendieron nuestros viajeros. Compraron varias piñas, papayas, una guanábana, bananos manzanos y criollos, algunas pipas (cocos de agua), unos pocos tiquisques para probar, mazorcas de maíz blanco tierno y otras hortalizas para que el rubio pudiera cocinar.

Curiosearon lo que ofrecían los pocos puestos de comida, algunos con tamales y empanadas. Sin embargo todo con relleno de cerdo, si quieren algo con solo vegetales hay que hacer el pedido el día anterior les comento una amable vendedora, apuntado quedó para una próxima ocasión.

El jueves por la tarde cayó un último chubasco, bien tropical, de esos que en menos de treinta segundos empapa al viandante sorprendido. El resto de los días el cielo se fue limpiando, en su varias andadas por los alrededores, pudieron admirar las verdes montañas y el volcán platanar con su sombrero de nubes.

Su coach, Albert, organizó los entrenamientos de esta semana como una transición hacia el nuevo destino. Trataba de bastante trabajo de flexibilización de caderas para compensar las excesivas horas de avión para llegar hasta allí.

En sus andadas por la ciudad les habían comentado de otra feria del agricultor, una que dura tres días, de jueves a sábado en el barrio de San Martín de Quesada. El sábado se estaban quedando cortos con los bananos manzanos así que decidieron caminar hasta allí, unos 4 kilómetros cuesta abajo. Sus cálculos les hicieron llegar poco antes del cierre, apenas pudieron llevarse unos camotes (boniatos) que por su color les recordaban una variedad que habían degustado en Japón.

No les quedó otra alternativa que pasarse por el mercado municipal y una frutería cercana para hacer la compra complementaria. Llevaron mamón chino, al que le cogieron el gusto, bananos manzano y unas papayas que según los decires del frutero eran las papayas primeras, las originarias, bien redonditas y anchas, con aires a las que se ven en Mosteiros en la Isla de Fogo.

Ese mismo día, dieron una visita rápida por el Restaurante Las Hortensias. Allí conocieron a Macho, uno de los hermanos de Eugenio. Junto a sus hijos, Memo y Machito, administran y se ocupan del buen funcionamiento tanto del restaurante como de la granja.

Macho en la administración y la producción de quesos, Memo en la cocina y en la huerta y Machito repartiendo su tiempo ayudando a su padre y a su hermano.

Quedaron para la siguiente semana pasarse por la lechería para aprender a hacer el arrollado, el queso típico de Quesada y otro día para ir a la huerta a ayudar a Memo y familia.

Pasaron el fin de semana ocupándose de sus responsabilidades caseras, perrunas y claro también de Working Wellness.

Las empresas nómadas siempre han de mantenerse activas, sin importar la latitud y longitud donde se encuentren.

La vida continúa ofreciendo sus miles de posibilidades a nuestros terapeutas nómadas.

Semana 2 Shiatsu en alforjas: Estancia San Pascual, Ciudad Quesada, Costa Rica

El clima es muy cambiante en esta región de Costa Rica. Ahora más porque es la transición entre la temporada de lluvias y la temporada de sequía. Así como que se puede disfrutar de un amanecer soleado, y en menos de media hora estar rodeado de la fina agua de las nubes. También pueden haber tres días de un sol tan esplendoroso como caliente o días de lluvia que no dejan ver ni siquiera a veinte metros. Cambiante, inestable, impronosticable, así es el clima en esta parte de la Alajuela.

Nuestros terapeutas nómadas organizaron su trabajo de forma de poder cumplir con sus responsabilidades de caseros, jardineros y toderos en la Estancia. A la vez, poder ir a la Ecogranja Don Lolo para aprender sobre las granjas lecheras y las huertas ticas.

El lunes amaneció con toda la montaña cubierta por las nubes provenientes del norte. Hacia el final de la mañana fueron a la lechería para ayudar a Macho y Silvio a fabricar un queso muy apreciado a nivel local: el arrollado o queso palmita. Este derivado lácteo se hace con leche fresca no pasteurizada.

El quesero siembra la leche con una bacteria muy similar a la que se utiliza para fabricar la mozzarella, se debe esperar unas horas hasta que la leche sea totalmente colonizada. Para entonces, se separan los sólidos lácteos del suero y se constituye una masa homogénea utilizando agua a punto de ebullición.

El siguiente paso, es estirar rápidamente la masa láctea sobre una mesa de acero, dejando un espesor de aproximadamente medio centímetro. Se realizan varios pliegues espolvoreando sal antes de cada doblada, luego, con un cuchillo se hacen tiras de unos cinco centímetros de ancho. Finalmente, se enrollan dándoles la forma de una pelota de lana o de béisbol. Cada queso pesa unos 400 gramos.

La lechería trabaja actualmente con doce vacas jersey. Eso representa uno 120-140 litros de leche para procesar al día, para dos personas sobra trabajo, así que nuestros terapeutas fueron más que bienvenidos para hacer los arrollados o palmitas. Allí estuvieron un par de horas participando en cada paso de la producción de este famoso queso de Ciudad Quesada.

Conversaron un buen rato con Macho y Silvio. Macho es uno de los 7 hermanos de Eugenio (el propietario de la Estancia San Pascual). Antes de dedicarse a los quesos fue administrador en diferentes empresas. Después de haber hecho carrera en su campo decidió volver a la granja familiar. Allí en el trocito de terreno que le tocó, empezó a aprender sobre vacas y quesos con una vaca.

En el INA (Instituto Nacional de Aprendizaje) le enseñaron a hacer varios tipos de quesos y otros derivados lácteos, sumado a esto, se interesó más por el tema y aprendió sobre otras técnicas de tratamiento de la leche. Ahora mismo, fabrica arrollado o palmita, gouda, queso deslactosado, mozzarrella y ricotta.

El yogurt no es un producto muy popular en Costa Rica. Por ahora no lo producen, aunque su rendimiento y facilidad de producción sería muy interesante. Silvio, su ayudante y mano derecha, es quien alimenta y ordeña las vacas, también realiza todos los trabajos relacionados con la lechería y, por supuesto, fabrica todos los quesos de Don Lolo.

Al terminar la producción, como agradecimiento por la ayuda prestada, Macho les regaló un queso a nuestros terapeutas. Estimado lector, si conoces a este par, ya sabes que como especialistas de la salud no promueven ni recomiendan el consumo de productos lácteos, de ningún tipo. No son beneficiosos para la salud ni nada que se le parezca, los humanos los consumimos por gusto o quizás por adicción. Cabe preguntarse porqué somos el único animal sobre este planeta que consume leche y sus derivados de animales que no son de su especie. O en qué andaba pensando el primer humano que se le ocurrió sacarle leche a otro animal para su consumo… En fin, como era un regalo de corazón, lo aceptaron, para ser consumido en dosis terapéuticas. Probablemente pasen unas cuantas semanas antes de que se agote el «arrollado», si es que finalmente lo consumen.

Ese mismo día por la tarde realizaron su entrenamiento funcional. Como siempre poniendo a prueba y estimulando sus articulaciones y músculos para mantenerse activos y hábiles en la mayor cantidad de rangos posibles.

Al día siguiente, fueron a ayudar a Memo y familia en la huerta de Don Lolo. En las zonas tropicales se sabe que no hay invierno, solo temporada de lluvia y temporada de sequía. Las temperaturas suelen ser bastante estables todo el año. Esto tiene ventajas y desventajas. Una huerta bien organizada puede producir continuamente sin apenas parar entre labrar, sembrar, plantar, cuidar, cosechar y volver al inicio del ciclo.

La desventaja es que las yerbas no deseadas crecen sin parar. Por tanto, si hay un ligero descuido se puede perder rápidamente de vista las hortalizas comestibles. Porque sí estimado lector, la yerbas están adaptadas a varios miles de años de ser arrancadas y volver a nacer donde tengan la oportunidad, en cambio las comestibles suelen ser más delicadas y lentas. Este es el precio que hay que pagar por la selección que hemos hecho de nuestros alimentos favoritos.

Ese día conocieron a Don Ernaldo, a Nelly, a José Pablo y a Lucía. La temporada de lluvia le ha dado fuerza a las yerbas, muchos carriles necesitaban una buena limpiada. Como había una buena cantidad de manos y bocas parlanchinas, la labor se hizo sin prisa pero sin pausa. Por cierto, Nelly es la mujer de Memo, el hijo de Macho, que está encargado de la cocina del restaurante Las Hortensias dentro de la Ecogranja Don Lolo. José Pablo y Lucía son sus pequeñines y Don Ernaldo es quien los ayuda en las múltiples labores de la huerta y otros quehaceres de la finca.

Ese día por la tarde, el rubio tuvo que ir a pedirle una hoja de aloe vera a Memo, el sol de la mañana le había recalentado un poco las orejas. Ese día pudieron admirar un hermoso atardecer con vistas hacia todo el valle central, un deleite visual.

Por la noche el viento anunció un cambio de clima. Efectivamente siguieron dos días de lluvia intensa. Tanto así que el aire estaba con al menos 110% de humedad. Los árboles cercanos a la casa no se veían y solo se escuchaba retumbar la lluvia sobre el techo con diferentes intensidades.

El miércoles entrenaron como de costumbre y repartieron su día entre labores de la Estancia San Pascual y Working Wellness, su empresa nómada. El jueves, día de mercado, donde conocieron a Eric, quien después de un ratito con ellos les ofreció conseguirles trabajo de terapeutas, y Luci, una amable octagenaria, quien después de explicarles qué era y cómo se comía el pejibaye (fruto de la palma para palmito), les ofreció irse a vivir con ella en la finca que se comprará cuando logre vender su casa…

En ese mismo puesto consiguieron un par de Rollinia Muscosa (anonácea), el vendedor y Luci los conocen como chirimoyas, bien diferente a la que se comercializa en España. El viernes por la mañana cambió nuevamente el clima, el intenso sol tropical volatilizó poco a poco las nubes que cubrían la montaña.

Ese día era su tercer entrenamiento de la semana, algo más intenso y activo para cerrar su sesenta y pico semana de entrenamientos funcionales. Aprovecharon el buen tiempo del sábado para ir a conocer el refugio de fauna silvestre de La Marina. Allí residen animales silvestres rescatados por accidentes, malos tratos o simplemente desprovistos de su hábitat natural por la expansión de las actividades humanas (esto también pasa en Costa Rica, aún con el cierto nivel de conciencia de sus pobladores).

En el refugio pudieron observar muchos pájaros. Entre ellos lechuzas de una hermosura despampanante, papagayos azules y rojos, loros, dantas, chanchos (cochinos) de monte, cocodrilo, diferentes clases de serpientes, felinos como puma, jaguar, manigordo u ocelote, caucel y monos aulladores o araguatos. Todos hermosos y bien cuidados.

El personal del refugio hace todo lo que está a su alcance para preparar los animales a volver a su hábitata. Sin embargo es un proceso largo y a algunos les cuesta bastante trabajo volver a adaptarse a la vida libre.

Si queremos mantener aunque sea una pequeña parte del mundo natural que nos rodea tal y como lo conocemos, es vital que tomemos acciones que vayan en el sentido de reducir al máximo nuestro impacto ambiental.

El domingo volvieron a ir a la lechería, esta vez para aprender a hacer ricotta y queso deslactosado. El queso deslactosado se hace con cuajo base como para un queso blanco duro. La principal diferencia es que se corta, lava y prensa por lo menos cuatro veces para retirarle todo el suero que contiene lactosa. Se pasa por agua caliente, unos minutos de pasteurización para terminar el proceso. Finalmente se deja prensado durante unas veinticuatro horas para dejarlo lo más seco y duro posible.

La ricotta se hace con el suero de la leche. Simplemente se lleva a ebullición, en este punto se agrega ácido cítrico o acético (el jugo de limón vale perfectamente). La reacción química provoca la separación de los sólidos y del líquido. En una tela se escurre por una hora al menos. El resultado es una pasta gumosa y bastante dulce (alta concentración de lactosa), ricotta o requesón lista para su consumo.

Luego de esa media jornada de trabajo lechero pasaron el día regocijándose con el sol de la tarde en la grama de la Estancia San Pascual.

Semana 3 Bitácora Shiatsu en alforjas: Estancia San Pascual, Ciudad Quesada, Costa Rica

La temporada seca parece estar anunciando su llegada con más vigor estos últimos días, una bendición para nuestros terapeutas viajeros que así, desde la casa que cuidan, pueden admirar las hermosas montañas y la llanura circundante.

Estimado lector, queremos compartir contigo una gran noticia: están Preñados! Quizás habrás notado algunos cambios en la morfología de la morena, si lo intuías has acertado, y si no lo habías notado, tranqui que pocas pistas han dado.Y desde cuándo? Bueno, van por más de 30 semanas, ya puedes sacar cuentas.

Bastantes activos desde la concepción hasta ahora: Atravesaron España y Portugal en bicicleta, prestaron sus manos en una finca de mangos y aguacates y, ahora, están cuidando una casa con jardín y un par de perritos. Hasta ahora han mantenido su estilo de vida y, en particular, la alimentación: frutas maduras y de estación en cantidad suficiente hasta quedar satisfechos (tuvimos la dicha de comer buena parte de ellas ecológicas) y, para la morena poco más.

La suplementación de minerales y vitaminas hasta ahora ha sido innecesaria (las sensaciones corporales y los hemogramas lo confirman), y es que claramente si se siguen ciertas pautas de alimentación, los polvos y complementos alimenticios se hacen totalmente obsoletos. Quien ha tenido antojos es el rubio, aunque siempre tiene algún antojo así que es complicado afirmar que esto tiene que ver con el embarazo 😃

Si quieres sentirte lleno de energía y construir salud de forma progresiva te invitamos a seguirnos por nuestras redes sociales y nuestra web oficial workingwellness.es. Como indicábamos al principio de esta bitácora, el verano (temporada seca) parece confirmar su proceso de instalación. Esto le permitió a nuestros terapeutas avanzar en sus labores de jardinería en la Estancia San Pascual sin tener que afrontar la lluvia.

Fueron también a ayudar a Memo, Nelly, José Pablo, Lucía y Don Ernaldo en su huerta. Esta semana ayudaron a sacar las yerbas que crecen a velocidad tropical y a plantar camotes (boniatos). Esta variedad (criollo), de piel entre rosado y morado y pulpa entre blanca y crema, tiene un sabor muy delicado que la hace tener un puesto especial en el paladar del rubio, en particular cuando se asa en el horno para concentrar sus azúcares naturales.

Para reproducir esta Ipomea en el trópico es muy fácil: simplemente se seleccionan tallos con hojas que tenga varios nudos y, se entierra solo la parte del tallo, la naturaleza hace el resto. Para una buena cosecha es conveniente realizar un aporque dos meses después de plantada.

Ahora mismo Memo está buscando una estrategia para controlar los ratones y ratas de montes, quizás haciendo trepar la parte aérea de la planta sobre una estructura. De esta forma los roedores tendrían más complicado esconderse. Cosecharon también un poco de café antes de que los pájaros se comieran toda la cosecha. Al salir de la huerta la morena descubrió varias plantas de monstera deliciosa, es una variedad de cala cuya flor se consumen cuando ha madurado, según dicen los expertos tiene un sabor entre piña, banano y fresa.

Los terapeutas gestantes se llevaron unas para probar, madurarlas y degustarlas. Por la tarde realizaron sus entrenamientos funcionales, ahora con más trabajo en la movilidad de las caderas para preparar la futura madre al trabajo de parto. Repitieron otros entretenimientos funcionales el miércoles y el viernes.

El jueves fueron andando para el mercado con el objetivo de avituallarse de frutas y hortalizas. Llevaron bananos manzanos, papayas, piñas, rollinia muscosa, granadillas, maracuyás, chayotes, zanahorias, papas enanas, remolacha, chile dulce (pimiento), cilantro, frutas de cacao y un buen cargamento de pipas (coco de agua).

Al salir del mercado quedaron sorprendidos por una bicicleta «tuneada» con un micromotor a gasolina, un ingenio tica que podría replicarse para futuros viajes. Por la tarde de ese día, mientras caminaban por la finca, se toparon con un banano caído por el peso de un gran racimo (piña) de bananos.

Su instinto frutal les impulsó a buscar un machete para cosechar ese precioso tesoro. Ese día, caminaron más de 7 kilómetros. Días después, Silvio les informó que se trataba de la variedad «guineo negro», según él, buenos como para cocinar al agua. Nuestros terapeutas viajeros quizás dejen madurar algunos para experimentar su sabor.

El sábado decidieron darse un paseo hasta unas aguas termales cercanas a Ciudad Quesada. Para llegar hasta allí hubo que ir andando hasta el terminal de buses de la ciudad y, después de unos 20 minutos de trayecto para en un hotel llamado Termales del Bosque. Allí se paga un derecho de entrada de 10$ por persona, luego hay que caminar casi un kilómetro por una pista pavimentada.

Nuestro terapeutas gestantes estaban extasiados por la maravillosa vegetación, tonalidades de verde y variedades de plantas, cada una con sus hermosas especialidades. Luego hay un sendero dentro de la selva, quizás unos 500 metros para finalmente llegar a las fuentes de aguas termales naturales. Lo primero que se ven son unas pequeñas piscinas, nueve en total, cada una a una temperatura diferente, desde 49 grados centígrados hasta 30 grados centígrados. Todo integrado bajo la sombra de los majestuosos árboles de la selva.

Nuestros viajeros poco tardaron en ponerse en remojo, primero a 34 grados, luego a 39 y finalmente a 41. Para sus cuerpos y sensaciones era más que suficiente, la verdad que más temperatura es como para literalmente cocinarse.

Después de esta buena remojada volvieron a casa para descansar. Ese día caminaron más de 11 kilómetros, una buen trozo de camino sobre todo para la gestante morena. El domingo se lo tomaron con calma, hicieron algunas obras en la casa y en sus jardinerías circundantes. Disfrutaron del sol maravilloso y de las espectaculares vistas que les regala estar en el lomo de una montaña.

Gracias por leernos estimado lector, nos vemos la próxima semana!

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