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Meditación

Libertad

A medida de que hemos ido “evolucionando” hemos creado muchísimos artilugios útiles e inútiles para sobrellevar nuestra vida diaria. Todo nos ha hecho sumamente inactivos y renuentes a diferentes formas que trastoquen nuestro actual estado de comodidad. Sin embargo, con el pasar de los años muchos hemos podido notar que estas comodidades han tenido un impacto en nuestro cuerpo, mente y conciencia al igual que en nuestro entorno y con quienes lo compartimos.

Nuestras comodidades nos han llevado a un cambio importante en las temperaturas del planeta, aire, agua potable, bosque y selva, seres vivos, entre otros factores que sin darnos cuenta en realidad ponen en riesgo nuestra existencia. Cada innovación tecnológica en realidad nos hace menos útiles y mucho más dependientes. Está claro que la intensión con la que en sus inicios estos aparatos fueron creados, no terminaron siendo los ideales. Hemos ido deformando nuestros avances tecnológicos, nuestras necesidades “básicas” y demás actitudes que hoy día son parte de nuestro modelo de sociedad. Tenemos demasiados artefactos inútiles que solo arrumamos con el pasar del tiempo sin notar el impacto que han causado.

El consumismo y la perfección son los grandes males de la sociedad actual. Un consumismo exacerbado y sobre todo la búsqueda de una perfección inexistente. Día a día nos tratan de convencer de que si tenemos las “mejores cosas” seremos “mejores” o estamos más cerca de estándar social, esa “perfección” o «ideal» que los medios nos venden. Nos dicen con que vestir, como comer, cual carro, cual casa, cual trabajo entre otras cosas que debemos tener.

Las verdaderas necesidades de todo ser viviente son simples; el alimento, el agua y un cobijo, entiéndase como un refugio. Todo lo demás es innecesario, no solo para ese ser vivo sino también para el planeta tierra. Por ende, lo que conocemos como necesidades “básicas” hoy día, no es más que una concepción errónea que hemos adquirido gracias al modelo de sociedad.

No necesitamos tantos aparatos tecnológicos, sin embargo, actualmente es la única manera en que se puede difundir un mensaje debido a la gran cantidad de población.  Las masas están secando los recursos del planeta; somos demasiados. Aunado a esto, las sociedades son cada vez más derrochadoras y consumistas. Nuestro faro, los Estados Unidos, con respecto al comportamiento social, ambiental y económico está dándonos cada vez más un mal ejemplo.

El poder está en cada uno de los “consumidores”. Las corporaciones y grandes industrias nos ven como objetos pero sin nosotros ninguno de sus proyectos lucrativos sería posible. Al tomar la decisión de no contribuir no solo estamos luchando contra la industria sino también estamos beneficiando al planeta tierra, nuestro hogar y nuestro sustento de vida. El mundo está en manos de unos pocos que están destruyendo todo por tanta ambición.

Somos peones en este juego de ajedrez, le damos nuestra vida trabajando para ellos, trabajamos para ganar dinero para “vivir una vida soñada” que nunca logramos, nos proveen alimento pero nos enferman, diseñan medicamentos, aparatos y demás para “curarnos” pero nos quebrantan más y a su vez matan a nuestro planeta. Lo único que importa es el dinero, no nuestras vidas, no nuestra salud, no los seres vivos, no nuestro planeta.

Tomar la decisión de ir en contra de cómo funciona este modelo es el primer paso para contribuir, ¿Necesito esto para mi vida? ¿Sin esto mi vida va a cambiar? ¿Consumir esto me hace bien? ¿Disfruto mi vida de esta manera? ¿Soy realmente libre y feliz? Antes de comprar algo, debemos pensar; ¿Que pasara si no lo compro? Si respondemos NADA, no lo compremos porque realmente no lo necesitamos.

Nos hemos vuelto demasiado controladores e inseguros, nos han llenado y nos han implantado la necesidad de elementos obsoletos, diciéndonos y afirmando que seremos más felices y que con mucho dinero seremos libres. Fuera de este sistema la vida nos ha dado siempre lo que necesitamos. La confianza en la vida y la entrega al universo no son fiables según este modelo, sin embargo, cuando no teníamos miedo de perder o querer poseer algo eramos verdaderamente felices y libres.

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Caminando

Para poder lograr un buen desempeño físico, enfocándonos desde cualquier punto de vista, es necesario mantenernos activos, es decir, ejercitarnos ya que somos seres de movimiento. Nuestra naturaleza no nos dicta estar en reposo más de las 8-10 horas en las que descansamos o reposamos dado que antiguamente no poseíamos todas las comodidades necesarias e innecesarias que tenemos hoy día. Gran parte del tiempo estábamos activos buscando nuestros alimentos, agua y refugio, por ende, caminábamos grandes distancias al igual que la mayoría del tiempo estábamos desarrollando cualquier actividad recreativa.

Con los cambios que hoy día han surgido gracias al «desarrollo» de la era industrial como los medios de transporte, hemos reducido de forma importante nuestra actividad física, también la serie de empleos creados por la misma industria y las instituciones burocráticas que en su mayoría nos mantienen constantemente en reposo, entiéndase por permanecer sentados. Gran parte de los trabajos que muchos desempeñan actualmente son frente a ordenadores o aquellos estáticos chequeando el desempeño de una maquinaria.

Es sumamente importante activar nuestro cuerpo no solo por los beneficios físicos que esto proporciona, sino también porque aquellos que pasan mucho tiempo en reposo adormecen la capacidad de cuestionarse y caen en la “costumbre”, en lo “normal”. Lamentablemente, nos hundimos en lo que las industrias o instituciones con “poder” desean, ciudadanos adormecidos para evitar cualquier indicio de “rebeldía” contra nuestro “sistema”.

Una buena manera de “salir” de este letargo es la actividad física pues está fuertemente relacionada con la mental. Solo algunos acostumbran las prácticas de la meditación, ya sea porque hacen actividades que lo promueven como el yoga, taichí, reiki, entre otros o porque han adquirido este habito gracias a su cultura o religión. Lo ideal siempre es practicar estas actividades que nos conectan con nuestro “yo” y sobre todo con nuestro entorno, pero también existe la opción de la caminata.

Para quienes se les dificulta adoptar posturas meditativas o practicar actividades que promuevan esta valiosa herramienta, concentrarse o calmando la mente, la caminata es muy eficiente para lograr estos estados pues es una actividad en la que se controla la respiración a un ritmo que permite resistir la exigencia del ejercicio, requiere mucha concentración y en consecuencia la mente esta serena la mayor parte del proceso.

La caminata no solo genera quietud en la mente para aquellos que se enfocan en este punto de concentración, además produce una sensación de bienestar físico al ser concluida, también genera una intensa percepción de lo que nos rodea y de las reacciones del mismo cuerpo permitiéndonos estar mucho más atentos a la VIDA, despertando en nosotros un equilibrio. En general, cualquier actividad cardiovascular permite estos «estados meditativos», sin embargo, es la caminata la que es considerada de esta forma por muchas culturas.< Como todas las practicas, estas deben ser canalizadas con intenciones, es decir, hacer una especie de dedicatoria a lo que queremos obtener con ellas para así enfocarnos mucho mejor en el resultado de las mismas. Muchos dedicamos estos momentos a nuestro cuerpo, sin embargo, sería aún más beneficioso el dedicarlo a ambos elementos e incluir oraciones hacia aquello en lo que creemos o amamos. Siempre es preferible más de media hora al día ya que solo después de cumplir este tiempo el cuerpo es favorecido, en consecuencia la mente se sintoniza para despertar.